Denuncian maquillaje de cifras en liceos y UTU para mejorar cifras de repetición

Foto: Diario El Pueblo

Hace rato que la presentación de resultados educativos se convirtió en un partido de fútbol: si son un poco peores a los del año anterior, la oposición sale con los botines de punta; en cambio, si se logra mejorar unos puntitos, es el gobierno el que camisetea y lo grita como un gol en la hora. Hace cuatro años que los resultados vienen en leve mejoría. La pregunta es: ¿qué precio se paga por ganar cada contienda? El costo, al parecer, es carísimo.

Siguiendo con la metáfora futbolera, son muchos los que denuncian que para conseguir cada triunfo se presiona a jueces (directores o docentes), se cambian los reglamentos antes de cada partido (modificando estatutos, facilitando los mecanismos para que se pueda pasar de grado), e incluso se corrigen las reglas cuando la pelota está en el aire (se borran faltas, se maquillan promedios y hasta se convierten materias curriculares en no curriculares para que los alumnos puedan pasar de grado).

“Hay que hacer algo con los resultados”, le dijo una inspectora a una directora de un liceo del interior. El diálogo ocurrió hace unas pocas semanas. La directora, molesta, le respondió: “¿Usted me está diciendo que quiere que nosotros seamos más livianos con las evaluaciones, que las modifiquemos?”. La inspectora, incómoda, le contestó que “no”, que “eso no”. La anécdota la cuenta la consejera de Secundaria, Isabel Jaureguy. Y agrega que ella misma fue a hablar con la inspectora para preguntarle si estaba incidiendo para cambiar resultados.

“Estas son cosas que pasan, pero son difíciles de probar, porque es muy fácil que una presión sutil pueda quedar disimulada en un concepto de preocupación. Si alguien dice que hay que cambiar los resultados, puede estar diciendo dos cosas: vamos a ver qué recursos tenemos para apoyar una intervención desde el Consejo de Secundaria y reforzar la enseñanza de lengua y matemática; o puede decir: muchachos, no seamos tan exigentes porque se nos resienten las estadísticas”, explica Jaureguy.

La existencia de presiones es confirmada por la presidenta de la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria (Fenapes), Virginia García Montecoral. “Desde que existe una fetichización de los números hemos recibido quejas, sobre todo denuncias de que se presiona para que se modifiquen las notas o para que se trate de salvar a los chiquilines como sea”, dice.

Lo mismo sostiene el presidente de la Asociación de Docentes de Educación Secundaria (ADES Montevideo), Luis Martínez, que advierte que “entre la baja de las exigencias y los cambios de reglamento de pasaje de grado” se está llevando adelante “una estafa, una mala praxis educativa”.

“Si yo le pongo a un estudiante notas de ocho, nueve o 10, aunque no se lo merezca, él y sus padres se van a quedar contentos. ¿Pero qué aprendió? No aprendió nada. Y yo lo engañé, le mentí, le dije que estaba preparado y no lo estaba”, continúa el dirigente sindical.

Desde 2011 en adelante se viene dando un aumento de la promoción del ciclo básico de Secundaria: se pasó de un 33% de repetidores ese año a un 25,7% en 2016. El presidente Tabaré Vázquez prometió a inicios de su gobierno que esta cifra bajaría a un 20%. También se comprometió a que el 100% de los menores de 18 años estuvieran dentro del sistema educativo.

En Educación Media de UTU, en tanto, la repetición en 2015 —los últimos datos disponibles— alcanzó un récord y llegó al 40,9%. La baja cantidad de alumnos que aprueban el año en UTU puede explicarse por un aumento muy importante de la matrícula, que según las autoridades corresponde a personas que hasta ahora no estudiaban. En 2015 hubo 93.022 jóvenes que se matricularon para cursar UTU. La cifra implica un máximo histórico. En 2000 eran 59.716. Todos los años, además, quedan una gran cantidad de jóvenes sin poder anotarse en los cursos de UTU por falta de cupos. Basta ver las largas filas que hay en las puertas de algunas instituciones cuando empiezan las clases.

Hecha la ley.

Las irregularidades para que la cantidad de promovidos sea la mayor posible también existen en el Ciclo Básico de UTU. Al menos así lo denuncian algunos profesores. Una docente cuenta que “hay alumnos con 60 faltas a los que se les baja la cantidad de inasistencias a 25 para que puedan pasar de año”. Otro sostiene que “el límite de faltas no existe, pueden tener más de 100, o lo que sea, mientras tengan nota de exoneración. Las faltas se adecuan. Es escandaloso, pero no pasa solo en UTU, también sucede en Secundaria. Violan los reglamentos, que en caso de los bachilleratos de UTU indican que las faltas no pueden superar el 25% de las clases efectivamente dadas”. Y otra más advierte: “Las faltas se sacan. Capaz que en algunos lugares ahora sucede un poco menos, porque estamos pasando la lista con las tablets y ahí es más complicado maquillar las cifras”. Ninguno quiere que se publique su nombre. Todos temen represalias.

La UTU tiene diferentes modalidades de estudio dentro de las alternativas que son equivalentes al liceo: está el Ciclo Básico Tecnológico (en el que además de las habituales materias del liceo se ofrecen otras vinculadas a tecnología), Formación Profesional Básica (para jóvenes con 15 años o más, en el que se suman materias específicas según el área que se elija: deportes, carpintería, audiovisual, etc.), y el plan Rumbo (para mayores de 18 años que no lograron terminar sus estudios). En Ciclo Básico Tecnológico se está pasando lista con tablet. En los otros dos depende del centro.

Hay instituciones en las que, sostienen los profesores, se empezó a pasar con tablet y luego se cambió el sistema a mitad de año debido a fallas con los dispositivos. El uso de los instrumentos del Plan Ceibal también es un problema. “Hay estudiantes a los que les dan las computadoras un día y al otro ya no las tienen más”, advierte un docente de una institución del barrio de La Teja.

Este año se cambió el reglamento para la Formación Profesional Básica y ya no importa la cantidad de faltas que tengan los estudiantes: estos pasarán igual de grado en caso de que logren tener las notas suficientes para hacerlo. Pero esto no debería correr para los alumnos que no consiguen buenas calificaciones.

En teoría, si un alumno tiene hasta tres bajas y entre 25 y 35 faltas, solo tiene que cursar esas tres materias libres. Si tiene entre cuatro y seis, con la misma cantidad de faltas, se va libre a todas. Y si tiene más de seis, repite el año. Sin embargo, un docente que trabaja en una institución de Maroñas explica cómo funciona el nuevo reglamento a la interna de las UTU: “Lo que se hace a veces es bajarles la cantidad de faltas para que no repitan o para que no tengan que dar exámenes libres”, señala.

La directora del Programa de Educación Básica de UTU, Anabel Acosta, dice no tener conocimiento de que se borren faltas en la magnitud que lo denuncian los docentes, pero igual advierte que hay situaciones en las que, si no son más de 35 las inasistencias, “amerita” hacerlo.

“Lo que pasa es que el registro que te da la tablet a veces no condice totalmente con la realidad. Están los casos de los alumnos que pierden el ómnibus y llegan 10 minutos tarde, o los que tienen que dejar a sus hermanos chicos en la escuela, o los que por otro motivo viven una situación complicada porque están en un barrio difícil. Pero siempre es el grupo de docentes el que tiene la potestad de elegir lo que se hace. Son ellos”, señala Acosta.

Desde fines del año pasado en adelante hubo una serie de cambios en el sistema que, según dicen los sindicatos, procuran hacerlo más permisivo y tornar menos exigente el pasaje de grado. “Quieren convertir los liceos en guarderías, en aguantaderos, donde no se aprende nada, donde pasan sin aprender, todo para que las cifras den”, sostiene Martínez. Fenapes denunció esto a partir de la creación el año pasado de la Propuesta 2016, ideada por el actual Consejo de Secundaria —sin el apoyo de Jaureguy— y por la cual hay solo tres notas concebibles: Satisfactorio, Muy Bueno y Excelente. No hay Regular, no hay posibilidad de repetir de año. Solo un puñado de liceos empezaron a funcionar este año bajo este sistema, no más de 10, pero para los docentes es el principio de un plan que puede crecer.

A partir del año pasado, también en Secundaria empezó a funcionar un plan por el cual se les da una semana más a los alumnos con notas bajas. En esos días se intenta que los estudiantes logren los “resultados satisfactorios” para pasar de año, y en caso de que no lo hagan, recién ahí se decide si se los manda a examen. Para expertos en educación como Pablo da Silveira, del Partido Nacional, esto hace “que los alumnos no hagan nada en todo el año y luego se jueguen las fichas a un último examen”. Y agrega: “Son todas maniobras que lo que buscan es maquillar las cifras, presentar buenos resultados cuando no los hay”.

Hecha la trampa.

No obstante, al parecer, estas estrategias aún no alcanzan. Hay profesores que denuncian que en algunos centros de UTU los directores les están pidiendo a los profesores que no cuenten educación sexual y orientación vocacional como materias curriculares, o sea que estas no sean consideradas para el promedio de fin de año.

Acosta, del Programa de Educación Básica, admitió que pidió al Consejo de UTU que se implemente este cambio, aunque dijo que todavía no ha obtenido una respuesta. “Son espacios de taller donde no hay contenidos curriculares fijos, donde se trabaja desde otra dinámica y con otras estrategias. Si yo hablo de orientación sexual, que tiene más que ver con los derechos humanos, es muy difícil que pueda dar una evaluación”, justifica la jerarca.

Esto no es lo mismo que opinan algunos expertos en educación. El exdirector de Educación, Juan Pedro Mir, dice: “La separación entre materias curriculares y extracurriculares es un nombre de fantasía. Hay que pensar en una educación comprensiva, integral, en la que sea tan importante aprender física como el desarrollo de habilidades sociales. Rechazó que haya materias curriculares y no curriculares. Es insostenible desde el punto de vista técnico y conservador —muy conservador— y desde el punto de vista ideológico. Es retrógrado afirmar que la educación sexual no es tan importante como lo son las matemáticas”.

Da Silveira acusa “un cambio de doctrina”. Sostiene que “antes se iba a clase para aprender; ahora se va a clase solo para ir a clase”. Acosta, en tanto, dice que aunque tiene que haber un mínimo de aprendizaje, “siempre es mejor tener a los jóvenes en las instituciones educativas que en las esquinación,

Mir advierte que tres meses de vacaciones es demasiado

“Tenemos un calendario escolar que fija su fin de actividades en la segunda quincena de diciembre y comienza en la primera de marzo. El verano parece que no fuera un tema de las instituciones educativas. Con los hijos de los sectores integrados, que tienen familias, que tienen vacaciones, no pasa nada. ¿Pero qué pasa con los otros chiquilines? ¿Qué pasa con los que no tienen esto?”, se pregunta Juan Pedro Mir, exdirector de Educación y miembro de Eduy21, un colectivo multipartidario de expertos que pide una serie de cambios en el sistema, que van desde la modificación de la currícula a aumentar los días de clase. “Yo no concibo la separación entre educación y cuidado —prosigue. La educación no es una guardería, una escuela no es un garaje; pero no es lo mismo que un niño juegue al fútbol dentro de una institución a que lo haga en la calle. Educar no es solo enseñar a dividir”.

Sancionaron a directora por modificar promedios

Una directora de un liceo de Ciclo Básico de Secundaria fue suspendida por modificar los promedios hechos por los profesores. “La directora se defendió, dio a conocer datos valiosos, como que después de la reunión final había obtenido más información. Pero si una directora tiene más elementos, y entiende que un promedio debe modificarse, lo que se debe hacer es convocar de nuevo a reunión de profesores; no puede hacer modificaciones”, explica la consejera en representación de los docentes, Isabel Jaureguy. Este año, la Justicia intervino en un reclamo realizado por los padres de una joven que había repetido de año en un colegio privado. Mientras inspectores de la ANEP le daban la razón a la familia, la Justicia decidió que estos no podían torcer el fallo de los docentes. Secundaria suele recibir 50 denuncias al año por quejas como esta. Otros cientos de casos se arreglan directamente dentro de las instituciones, con la mediación de los directores y adscriptos.

FERNANDO PELÁEZ – PRORRECTOR DE LA UDELAR

Más recursos para nivelación

-¿Los alumnos que llegan a las facultades están parejos en cuanto a sus conocimientos?

-A la UdelaR están ingresando casi 20.000 estudiantes por año. La diversidad de la institución (facultades, carreras, áreas, disciplinas, etc.) es enorme, así como las características de los estudiantes que ingresan. Así que eso depende de cada carrera según el perfil de ingreso que se espera y de una multiplicidad de factores. El tema es complejo y por lo tanto no puede admitir apreciaciones triviales sobre la problemática. La consagración del acceso y la permanencia en la educación terciaria de calidad (en particular universitaria), no es solamente un derecho universal, sino una pieza clave para el desarrollo de las personas y del país. Por lo tanto, debemos esforzarnos en multiplicar los esfuerzos para que dicha democratización sea real.

-¿Cómo se hace para nivelar el conocimiento de los estudiantes?

-Desde hace mucho tiempo, décadas diría, las facultades y servicios de la UdelaR vienen implementando diversos mecanismos de apoyo y de nivelación para los estudiantes que ingresan. Estas acciones se han incrementado en cantidad y calidad en la última década debido a la masividad, esto es, la falta de recursos adecuados para atender el deseable aumento de la matrícula. A modo de ejemplo, se han desarrollado actividades y talleres de apoyo, diversificación de modalidades de enseñanza, cursos paralelos o previos a los cursos habituales (como los “año 0” o “materia 0”, espacios de consulta y orientación, renovación de los planes de estudio, todo un amplio espectro de acciones diversas tanto por sus metodologías como por las especificidades de las disciplinas en cuestión. También algunos programas de coordinación con la Enseñanza Media Superior. Hay que resaltar el enorme crecimiento y la consolidación de los EVA (espacios virtuales de aprendizaje) que acumulan hoy unos 8.000 cursos y unos 250.000 usuarios. A nivel central, desde el Pro Rectorado de Enseñanza (Comisión Sectorial de Enseñanza) se desarrolla el Programa de Respaldo al Aprendizaje (Progresa), el ProEVA y el ProLEA, además de una serie de proyectos concursables anuales y bienales que tienen como objetivo disminuir la desvinculación y el rezago, fundamentalmente en los primeros años. Estamos hablando de un centenar de proyectos financiados por año. Entre ellos, el proyecto de “innovaciones educativas”, el de “elaboración de manuales didácticos” y el proyecto de “apoyo académico disciplinar para cursos de primer año donde se constatan mayores dificultades en los procesos de enseñanza y de aprendizaje o niveles críticos de masividad”.

Fuente: El País




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