Dino: Música después del tornado de Soriano





Foto: D. Battiste

Fueron tres minutos. Lo que dura una canción. El tornado destrozó la ciudad de Dolores en la tarde del 15 de abril de 2016 mientras Dino, Gastón Ciarlo, viajaba hacia Montevideo para tocar en la Sala Zitarrosa. A bordo del ómnibus, y a una hora de su destino, recibió la llamada de su hija Verónica, que le dio la noticia. Mientras el vehículo se acercaba a la capital, el músico llamaba a casa y nadie contestaba, porque la antena de telefonía estaba doblada.

“Es grave, hoy no tocás y nos vamos para Dolores”, fue el veredicto de Mario Varela, el manager de Ciarlo cuando llegó a la Sala Zitarrosa. El viaje de vuelta fueron 4 horas con lluvia y viento de frente. Dolores tenía luz eléctrica en ambos extremos. En el medio era todo oscuridad. Por ahí, recuerda el artista, “habían pasado los orcos y los trolls”.

Un robusto camión Ford de los años 50 volteado. Un auto metido adentro de una casa. Un piano, con las teclas apretadas como si al dueño el tornado le hubiera dejado las manos adentro. Y su casa: sin techo, con las paredes por la mitad. Los contenidos del hogar destrozados y su hijo Bruno lastimado, cortado con un vidrio que voló durante el desastre.

El tornado dejó una canción. En seis minutos, el doble de lo que demoró el tubo de aire en destrozar su ciudad, Dino relata en 15/04/16 lo bueno, pero también lo malo, que generó la catástrofe. “La gente salía a ayudar a los que estaban más embromados, repartiendo comida, café, agua, ropa, sacando a los perros que habían quedado encerrados. Pero también veías que un minuto después de ‘la porquería’ salían los chorros a robar los locales comerciales y el supermercado”, recuerda Dino, sentado en un sillón dentro de esa casa que quedó destruida en abril del año pasado y que ahora luce renovada, incluso con un mural en su fachada blanca que la hace más distintiva.

Ciarlo ayudó en la reconstrucción del barrio, aún a pesar de estar enfermo. La hernia que tenía tuvo que ser operada de nuevo luego del trabajo, pero no se arrepintió. Esa actividad y la música lo ayudaron a superar lo ocurrido, pero la marca del tornado quedó arraigada.
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“Uno queda lleno de angustia y de temores, porque pudo haber pasado lo peor”, considera el músico que hace 23 años reside en Dolores, donde formó su familia. “Acá ves el cielo siempre, no hay edificios. Hay otro trato con los animales, el trato con la gente es más llano, es otra historia. Las amistades y los amores se tejen con hilo de milonga”, afirmó.

15/04/16 es una de las diez canciones de Memorias nuevas, el disco que Dino presentó en setiembre, a siete años de su anterior trabajo discográfico, Vivo y suelto. Es un disco que se fue armando de a poco, canción a canción, postergado por el desastre natural pero impulsado por la colaboración de amigos y colegas que le dieron al artista una mano para componer, o le sugirieron temas para interpretar.

Sumando memorias

El camino empezó en noviembre de 2015 con Las Golondrinas, una composición de Jaime Dávalos y Eduardo Falú a la que Dino tenía ganas de interpretar desde hace años. Pero los siguientes pasos fueron complicados. “Estabamos cortos de canciones”, explicó Ciarlo. Tenía una melodía pero le costaba transformarla en una letra. “No quería hablar de las mismas cosas, quería tener memorias nuevas. Pero me iba para el panfleto, entonces tire la toalla y se la pasé a Walter Bordoni, que hizo algo imponente”.

Bordoni, su compañero en el grupo Los Kafkarudos, aportó el texto de la canción que da nombre al disco, y la de A la hora de las lentas, un par de canciones que tienen un tono nostálgico y reflexivo sobre el pasado. “Son memorias nuevas, pero el pasado lo tenés adentro. Lo viviste y no se puede olvidar ni cambiar”, afirmó.

Después vino Pan, la musicalización de un poema de Ignacio Suárez, dedicado a la memoria de Pablo Estramín que leyó en un libro del autor; La palabra como el agua, una letra de Pablo Dobrinin que fue enviada a Dino por Facebook como regalo, y una selección de versiones integrada por Salvavidas de cemento, Una milonga cualquiera y A José Artigas.

“Canto lo que me habría gustado escribir, pero no puede ser una versión idéntica”, contó Dino sobre la selección de covers. Hay uno, sin embargo, que quedó afuera. Se trata de Bichito de luz, una canción que no fue grabada porque el músico no lograba acertar con el tiempo de la canción. “Ya no estoy tan claro como antes, tengo que usar un metrónomo porque me muevo, aunque creo que estoy tocando bien”, lamentó.

La fusión como guía

Memorias nuevas es un disco despojado y directo. Acompañado por su hijo Bruno en bajo (el mismo del tornado), José del Acqua en guitarras y Humberto “Careca” García en percusión, con quien toca desde hace 40 años, el trabajo de Dino es sencillo pero mantiene la potencia y la cruza de milonga y rock que es desde sus inicios una de sus señas de identidad. Los riffs de guitarra eléctrica se cruzan con los sonidos acústicos y la aún potente voz de Dino a lo largo del disco.

“Yo empecé con el rock, antes que con la milonga, a los 14 años”, dijo Ciarlo. “Venía de la guitarra clásica, del solfeo. Pero la primera vez que agarré una guitarra con cuerdas de acero no la solté más”.
En su casa, las bibliotecas muestran textos que van desde volúmenes sobre historia uruguaya hasta la trilogía de El Señor de los Anillos. A nivel musical, los gustos de Dino también son eclécticos.

Dino siempre jugó a fusionar, un paisaje musical en el que se siente muy cómodo. Se define amigo de los folkloristas y de los rockeros, y lo demuestra tocando con ellos. “La música no tiene que ser folklore para ser nacional”, sentenció.

Ese gusto por la mezcla viene desde el período que pasó en Brasil entre 1967 y 1969. Era la época de la Tropicalia de Gilberto Gil y Caetano Veloso, quienes junto a sus colegas “desasnaron” a los uruguayos. Ya con Montevideo Blues, el grupo que integró a su vuelta, lo empezó a aplicar, pero en aquella época los músicos no lo aceptaban. “Como se atreven a decir que eso es milonga”, les decían. Pero al final, el aprecio del público acabó imponiendo ese estilo.

Memorias nuevas tiene otra particularidad. Es un disco independiente, editado a través de una cooperativa de artistas que Ciarlo integra, y financiado a través del Fonam, el Fondo Nacional de la Música, algo que hasta ahora el músico no había hecho. “Es todo más difícil ahora que antes, sobre todo para los músicos uruguayos. Hay un desmedido interés en promocionar lo extranjero. Tendría que haber más leyes de apoyo al artista nacional, más presencia del estado”, reclamó el músico.

Pero más allá de las dificultades, la vida sigue. Dino le dedica a la música un tiempo cada día. Como el pato, dice, que aparenta estar quieto pero abajo del agua mueve las patas.

La vida sigue y Dolores (que todavía muestra casas con cicatrices) se ha recuperado gradualmente. De hecho, eso refleja la décima canción del disco, Amanece en Dolores, la segunda composición exclusiva de Ciarlo en el disco, además de 15/04/16.

“En este barrio hay más perros que cristianos. Y un gallo que se suma al ruido”, cuenta el músico, en la puerta de su casa. De ahí viene la inspiración para esta canción, que funciona como secuela y contraparte a la que refiere al tornado. “Un día me levanté y la tenía toda en la cabeza. La tuve que pulir, pero ya estaba ahí. El tema es que a veces empiezo a hacer las canciones por el final, y ahí se me hace más difícil. Pero mientras pueda las voy a seguir haciendo. Porque las canciones salen y van a seguir saliendo”, aseguró.

La canción pendiente

El 24 de setiembre murió el compositor y poeta Washington Benavides. “Lo ibas a visitar, te tomabas unos mates y siempre aprendías algo y te traías una letra”, contó Dino. Tras decir eso, el músico se levantó. En las bibliotecas de su living, Dino guarda pilas de carpetas en las que almacena letras, poemas y partituras. Rebusca en una de ellas, tarareando, hasta que encuentra lo que busca. Saca un papel casi destruido, marrón, en el que todavía se lee con claridad una letra mecanografiada. Al final de la página se lee la dedicatoria y la firma de Benavides, fechada en 1981. “Me la dio para que la cante, pero hasta ahora no le pude poner música. No logro encajarla, probé varias veces, tantas que perdí la cuenta”.

Una milonga que no se puede esquivar

Milonga de pelo largo ya tiene harto a Dino. Pero sabe que no puede dejar de tocarla. “Me pongo en el lugar del público. Si voy a ver a Rada quiero que cante Dedos, si no lo hace me caliento, y a la gente le pasa lo mismo conmigo. Presentamos el disco nuevo, pero si o si tengo que tocar Milonga de pelo largo, te lo exigen. No tengo más remedio que hacerla, y hacerla bien”, explicó.

Siete años

Fue el tiempo que pasó entre este nuevo disco y su anterior trabajo de estudio, Vivo y suelto, publicado en 2010 por el sello Sondor.

Disco

Memorias nuevas fue lanzado en setiembre de este año, incluye diez canciones, de las cuales Dino compuso dos en exclusividad, y otras cuatro en colaboración. Las cuatro restantes son versiones de canciones ajenas.

Kafkarudos

Ciarlo adelantó que está componiendo para el retorno al estudio de Los Kafkarudos, el grupo que integra junto a Walter Bordoni, Tabaré Rivero y Alejandro Ferradás.

Fuente: El Observador

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