Extenderán un año más el programa de ayuda a ex presos de Guantánamo





Recibirán un salario mínimo nacional y el alquiler de una vivienda. Con distintas realidades, siguen teniendo dificultades para insertarse.

“Lo venimos advirtiendo desde febrero de este año en distintas reuniones con el gobienro y lo hicimos saber en todos los ámbitos posibles”.

Así lo planteó el sociólogo Christian Mirza, el “nexo” entre el Poder Ejecutivo y los seis refugiados que llegaron a Uruguay procedentes de la cárcel de Guantánamo.

Su reflexión estaba referida a lo que considera una cierta falta de previsión de las autoridades ante un hecho que se venía venir.

Enero será el último mes en que en estas personas, que llegaron a Uruguay en octubre de 2014 a través de un acuerdo entre el gobierno de José Mujica y Estados Unidos, perciban una ayuda estatal que, en forma paulatina, ha venido reduciéndose mes a mes.

Pero, en estos tres años, ninguno pudo lograr una inserción laboral plena y la consiguiente independencia económica que les permitiera prescindir de apoyo estatal.

Hoy por hoy cada uno cobra una partida en efectivo de $ 5000, la cuarta parte de lo que comenzaron recibiendo cuando arribaron al país. El gobierno además les facilita el alquiler de una vivienda, cuyos contratos vencen en los primeros meses de 2018 y que giran en torno a los $ 18 mil mensuales.

El plan oficial era terminar con el programa lo que, en los hechos, se traduce en que cada uno deberá arreglárselas por sí solo.

El jueves, en un último contacto, representantes de Cancillería y de Presidencia le comunicaron que se está trabajando en los detalles de lo que será, en los hechos, una prórroga del programa de ayuda.

Mirza explicó que el “borrador” del plan es extenderle, por doce meses más, el subsidio que los seis refugiados, que recibirán por un año el equivalente a un salario mínimo nacional, hoy a $ 12265. El gobierno también les seguirá pagando el alquiler del lugar donde viven.

La extensión de la ayuda incorpora una variable: podrá reducirse en función de que sus beneficiarios puedan conseguir un empleo estable con el que sean capaces de sustentar sus gastos.

Según Mirza a eso es, precisamente, lo que aspiran los refugiados, con los que mantiene un contacto regular.

“Lo que quieren ellos es tener un trabajo estable. No quieren vivir del subsidio”, es la versión que da el nexo.

El gran problema, sostuvo, sigue siendo el “estigma Guantánamo” que los acompaña desde su llegada, un elemento importante que, según Mirza, los ha condicionado y les ha impedido obtener un empleo de forma normal.

El estigma que no se va

Para el sociólogo está comprobado que, a través de los mecanismos tradicionales, les será imposible a estar personas conseguirlo. Más de una vez fueron rechazados en lugares en los que previamente habían sido aceptados, cuando los que iban a ser sus empleadores se daban cuenta quiénes eran.

Mencionó el ejemplo de Alí Shabaan. Sirio y casado con una uruguaya convertida al islam, domina cuatro idiomas y es el que ha tenido el perfil más bajo desde que el grupo llegó a Uruguay.

Según contó Mirza,se encuentra más que capacitado para conseguir empleo. Se ha postulado repetidamente y sin éxito en varias oportunidades. En tres de ellas estuvo a punto de lograrlo. No pudo, precisamente, a causa del “estigma”.

En ese sentido el acuerdo es que el gobierno desarrolle acciones “un poco más agresivas” que las que aplicó hasta hoy para ayudarlos a conseguir trabajo. Lo que planteó Mirza es que las autoridades “presionen”, en el buen setntido de la palabra, para que empresarios privados accedan a emplear a estos refugiados.

“No debería ser muy complicado. Debería haber más iniciativa y proactividad por parte del gobierno”, sostuvo.

Se realizó un análisis caso por caso, trazando los perfiles y habilidades de cada uno de modo de coordinar la mejor estrategia para su inserción.

Tal vez el caso más notorio sea el de Ahmed Ahjman, que ha logrado mayor estabilidad e inserción que sus compañeros.

Desde el año pasado intenta llevar adelante su emprendimiento gastronómico, basado en dulces y especialidades de su Siria natal y del resto del mundo árabe.

Con un buen dominio del castellano, estuvo presente en varias ferias y exposiciones . Su aspiración es tener su propio local de comidas. De todas formas, sus ingresos aún no le permiten vivir sin la ayuda del gobierno.

Más difícil aparece la situación del resto de los refugiados, que trabajan en forma parcial sin haber podido lograr un empleo estable pese a los reiterados intentos.

Uno de ellos se ha capacitado en comercio exterior. Otro realizó un curso para conducir retroexcavadoras en el sector de la construcción.

“Para nosotros los árabes, el trabajo es la base del sustento y culturalmente es fundamental para el propio desarrollo como persona”, concluyó Mirza, cuya familia procede de Egipto.

Fuente: Ecos Uy

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