Le pedirán a Vázquez una solución para los refugiados de Guantánamo





En enero recibirán la última partida de ayuda estatal. Solicitan que se extienda el cronograma o que les ayuden a obtener un empleo.

“En concreto, hoy, no hay nada”. Así se expresó este lunes Christian Mirza, nexo entre el Poder Ejecutivo y los seis refugiados que llegaron hace tres años a Uruguay procedentes de la cárcel de Guantánamo.

El sociólogo redobló en las últimas semanas sus gestiones en procura de destrabar una situación que amenaza con estallarle al gobierno y exponer al país a nivel internacional.

Resta poco más de un mes para que finalice el cronograma oficial de ayuda y para que los seis queden sin ningún tipo de soporte por parte del Estado que los acogió.

Su pedido, pese a los reiterados intentos, sigue sin respuesta. Y el tiempo apremia.

Mirza, según dijo a ECOS, mantuvo este lunes una reunión con integrantes del Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana (SEDHU), el organismo que se ha venido encargando del monitoreo de los refugiados desde su llegada al país. Del encuentro participó además la directora de Derechos Humanos de Cancillería, Alejandra Costa.

Al igual que otras instancias similares en las últimas semanas, la reunión terminó sin ningún avance significativo.

En enero cobrarán una cifra cercana a los $ 5000 cada uno, la cuarta parte de lo que comenzaron percibiendo al llegar al país, según lo establecido en octubre de 2014. Y será, además, la última partida de ayuda que recibirán por parte del gobierno.

A partir de allí, deberán arreglárselas por sus propios medios. Ninguno está en condiciones de afrontar ese desafío. Es que el programa preveía que la ayuda económica fuera disminuyendo en función de que cada uno de los refugiados lograra ir insertándose a nivel laboral.

Es por eso que Mirza decidió solicitarle una entrevista personal al presidente Tabaré Vázquez, para pedirle que intervenga en el tema, ya que ninguno de los seis reúne hoy condiciones para poder valerse económicamente por sí mismos.

La solución, explicó Mirza, pasa por dos alternativas claras. O se le encuentran opciones laborales concretas a los refugiados o se les extiende por seis meses el programa de ayuda que los beneficia.

Por el momento, el Poder Ejecutivo no dio señales afirmativas en ninguno de los dos sentidos.

De todas formas, Mirza dejó en claro cuál es la aspiración de los refugiados. “Todos aspiran a tener un trabajo estable, que les permita contar con un mínimo de ingresos asegurado”, dijo.

Otra arista del problema radica en que, a corto plazo, también culminarán los contratos de las viviendas que les proporcionó el gobierno a su llegada.

Si bien se trata de una fecha distinta en cada caso, todos terminarán en los primeros meses del año próximo. En ese sentido el que se encuentra en una situación más acuciante es Jihad Diyab, que el año pasado realizó una prolongada huelga de hambre en reclamo para radicarse en un país musulmán.

Se trata del único de los seis que depende en forma exclusiva de la ayuda que le da el gobierno y a fines de diciembre deberá abandonar el apartamento en el que vive, en el Centro de Montevideo.

El sirio solicitó hace algunas semanas ayuda para radicarse en Rivera, donde espera tener mayores posibilidades de generar ingresos genuinos. Confía en que la pequeña comunidad de musulmanes radicados en esa zona, fronteriza con Brasil, le permita encontrar un empleo.

Según Mirza, el gobierno no tendría inconveniente en que Diyab pasara a residir allí, pero hasta el momento las autoridades no se pronunciaron sobre la forma en que podrían facilitárselo.

El nexo habló reiteradas veces del “efecto Guantánamo” que les ha impedido a los refugiados obtener los medios para mantenerse por sí mismos. Un “estigma” de haber estado recluidos en esa cárcel que, dijo, los sigue acompañando.

Fuente: Ecos

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