Machismo y patriarcado: ¿qué tanto inciden en los infanticidios?





Desde la época del mariscal Gilles de Rais, que combatió en los ejércitos de Juana de Arco en Francia durante el siglo XV y que abusó y asesinó a una cantidad inconmensurable de niños, la psiquiatría tiene registro de sujetos con graves trastornos antisociales de la personalidad, capaces de la crueldad más inimaginable para con los niños.

En Uruguay, los homicidas y violadores de Valentina Walter (9), Brissa González (12) y Felipe Romero (10) también se enmarcan en ese fenómeno, que ha generado “varias confusiones”, a juicio del presidente de la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay, Rafael Sibils, y de la psiquiatra de adultos Giannina Casali. Según dijeron los médicos a El Observador cuando distintos actores políticos tratan de entender qué está sucediendo se equivocan.

Sentados en dos grandes poltronas del consultorio privado de Sibils y midiendo cada uno sus palabras, comenzaron por señalar que no se está ante un incremento de la frecuencia de estos episodios y que no son productos de un tipo determinado de sociedad. Tampoco responden a variables consideradas aisladas, afirmaron.

Justamente, la semana pasada el fiscal de Corte, Jorge Díaz, y el director de la Secretaría de Derechos Humanos, Nelson Villarreal, se refirieron a estos casos y los explicaron bajo la denominación de “patriarcado”, “machismo”, y “violencia de género”. Para Díaz, “ver todos estos casos como patológicos ayuda a invisibilizar el problema”.

Según Sibils, “estos trastornos siempre existieron, y sus conductas son muy difíciles de detectar”. Si se repasan las características diagnósticas, puede descubrirse que no siempre ejercen violencia clásica. Muchas veces son manipuladores y estafadores, es decir, buscan constantemente la transgresión, explicó.

Casali, por su parte, sostuvo que son personas con un “grave problema para incorporar las normas” porque se trata de individuos que tienen “sus propias reglas”. Esto hace que asuman un comportamiento “despectivo” con el resto de la sociedad, pero sin perder nunca la noción de lo que está bien y lo que está mal. Esto es lo mismo que decir que jamás abandonan el “juicio de realidad” y que, por eso mismo, el sistema penal los considera imputables: saben lo que hacen.

Género

En una sociedad hipotética donde el problema de la violencia de género se solucionara, igual se seguirían produciendo infanticidios, explicaron los psiquiatras. No les cabe duda.

La afectación de las capacidades sociales, como la de generar empatía con los demás e “imaginar lo que es capaz de sentir o sufrir otra persona”, puede encontrar ciertos estímulos en el entorno, en particular si se proviene de “algunos núcleos sociales de relaciones familiares disfuncionales, cargados de distintos tipos de violencia”.

En estos casos se podría generar una mayor propensión a desencadenar algunos trastornos, afirmó Sibils, “pero siempre son resultados de una trama múltiple y compleja, donde juega un rol muy importante lo que el sujeto porta en un nivel biológico. No hay un único factor”, determinó.

Sobre el caso de Williams Pintos, que cada vez más pruebas irrefutables lo señalan como el secuestrador, abusador y homicida de Brissa González, Casali indicó la “desconexión, desinterés y frialdad” que presentó el hombre cuando fue atendido en la ONG Proyecto Dominó, enviado por la Justicia para que fuera resocializado, al ser denunciado por violentar a su expareja. “Ya ellos notaron, con una sola sesión, que era un individuo distinto al común de los violentos”, añadió.

No hay respuesta

En una carta que se viralizó la semana pasada, la doctora Casali reclamó por la instauración de un “registro de abusadores” y por el aumento de las penas de prisión, ante los tres casos de este año que conmocionaron al país. Casali recordó la aplicación norteamericana Amber, que notifica a los vecinos cuando un secuestro de un niño se produjo en su zona.

Pero ahora también lamentó que la sociedad “se haya distraído discutiendo sobre si estamos o no ante casos de violencia de género”, cuando el foco debería estar en cómo actuar más rápido ante los raptos.

“Estos casos siguen desnudando carencias importantes –dijo–, como por ejemplo que haya gente que todavía crea que se deba esperar 24 horas cuando desaparece un niño. Se sabe que la mayoría de ellos tienen comportamientos habituales y predecibles, y que cuando no aparecen en las primeras horas es porque algo está pasando”, explicó.

Prevención

Los psiquiatras no han definido qué alcance tiene una detección temprana del problema en la infancia del sujeto. Sin embargo, hay actitudes que indican orientaciones tempranas hacia la evolución de estos trastornos. “Que un chico mate un pájaro –expresó Sibils– no significa que vaya a degenerarse de adulto, pero puede estar hablando de un futuro desarrollo”. Ante gestos de “tortura y crueldad” dirigidos a pequeños animales o niños más chicos, se recomienda “la consulta” con un psiquiatra infantil, explicó.

Fuente: El Observador

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