“No sé si voy a seguir viva cuando mi esposo lea esto”





Foto: F. Flores

Hace 10 años que Miriam G. se divorció de su marido —luego de haber sido víctima de violencia doméstica durante gran parte de su matrimonio— pero sigue sufriendo su acoso permanente. Recibe llamadas por teléfono de él a todas horas, conoce sus horarios, sabe siempre dónde está e incluso ha llegado a perseguirla en la calle. Lo único que lo mantiene alejado de la casa de su exmujer, son los hermanos de ella que están alertas por si se llega a acercar.

“Los golpes comenzaron a los dos años de haberme casado, pero se hicieron aún más frecuentes cuando abusó de mi hija —hoy de 22 años— y yo lo denuncié a la policía. Como no hubo penetración no lo metieron preso. A partir de ahí comenzó a pegarme más, acentuado por el problema que tenía con el alcohol”, cuenta Miriam, de 39 años.

Estuvo 10 años junto a él y cuando finalmente decidió separarse, fue a pedir ayuda a la organización Mujeres de Negro. Además, una señora que tenía una chacra le consiguió un perro entrenado para defenderla en caso de que él apareciera. “Pero a pesar de eso, continúa molestándome”, dice.

“He hecho la denuncia varias veces pero no hacen nada. Y al denunciarlo, él se pone peor; entonces, ya no hago nada”, explica resignada.

Vivienda.

Para vivir tranquila, la mujer se dirigió en 2013 a la Agencia Nacional de Vivienda con el propósito de que le permutaran la casa para poder mudarse a otro lugar.

“Me dijeron que no había ninguna vivienda para permutar por el monto que yo pagaba por mes, que son 3 UR (unos 3.000 pesos). Pero hoy gano mucho más que en 2013, por lo que le planteé a la ANV aumentar la cuota a 6 UR. A pesar de ello, en todos estos años, no han conseguido nada”, asegura. Dice que su solicitud no es por problemas de humedad, sino que se trata de la vida y la seguridad de su familia.

“Me ofrecieron un apartamento en un segundo piso, que nada tiene que ver con la casa en la que vivo ahora. Es más chica y todos no entramos allí: tengo tres niños a cargo, dos hijos de 11 y 14 años y una sobrina de 11. Además les había solicitado una casa con fondo similar al que tengo, donde pudiera estar el perro, pero no me han dado nada”, dice y agrega: “No me la otorgan porque soy pobre y si me matan, no importa. Pero soy una trabajadora y buena pagadora”.

Cuenta que el cambio de vivienda lo solicitó de “forma urgente” debido a que su exmarido conoce la dirección de su casa actual. “Eso, teniendo en cuenta los antecedentes, representa un riesgo para la vida de mis hijos y la mía. Mientras vivamos acá vamos a estar siempre con miedo”, dice. Incluso, tiene su peluquería en su casa porque no quiere arriesgarse.

“Si tuviera otra vivienda de la cual mi exmarido no supiera la dirección, podría abrir mi propio local lejos de mi casa”, sostiene.

Otra de las razones que la lleva a querer mudarse son los continuos episodios de inseguridad que hay donde vive en el barrio Peñarol.



“Hace dos semanas mataron a una persona en la misma cuadra que vivo y no ha sido la primera vez. Los tiroteos son moneda corriente y la policía ni viene porque los vecinos tienen miedo de denunciar”, dice.

“Ahora yo estoy haciendo esta entrevista pero no sé si mañana voy a estar viva. En este momento me arriesgo por mis hijos, porque ya no podemos estar viviendo de esta manera, con miedo a que te maten”, concluyó.

Fuente: El País

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3 Comments

  1. Muy lamentable . A una amiga le pasa algo parecido y en la seccional de su barrio no le dan bolilla. Tiene varios facebook truchos y la molesta a ella y a el hijo de la misma y nada pueden hacer . Ojala mi amiga no sea otras de las tantas que mueren por manos de un loco que no acepta la separacion porque era un golpeador

  2. Es patético q el estado no ayude a este tipo de gente, que sufren violencias.. Pero si le den todo a los pichi q roban, matan, violan, etc. En las cárceles están mejor que acá afuera muchacho! Patético!

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