Descripción

Dónde está Santiago Maldonado?” Es la frase más leída y escuchada hoy en Argentina. Generalmente viene acompañada por la imagen de un joven barbado y aspecto bohemio.

Artesano residente en la región patagónica y miembro de un controvertido grupo que se adjudica la representación de la comunidad mapuche, Maldonado lleva un mes desaparecido, y sus allegados alegan que fue detenido ilegalmente por la gendarmería tras la represión de una protesta.

La pregunta sobre su paradero está en los hashtag de redes sociales, afiches, remeras, carteles de manifestaciones de protesta y en los debates de los programas políticos de TV y radio.

Es una pregunta que formulan personajes de orientaciones diversas: desde Cristina Kirchner hasta Diego Maradona, desde organismos de derechos humanos hasta funcionarios macristas, como la ministra de Seguridad Patricia Bullrich.

Pero la clave es que cada uno formula la pregunta con intencionalidad distinta: mientras algunos lo hacen en tono acusatorio, responsabilizando al Estado por una desaparición a la que quieren asimilar con la represión ilegal de la dictadura de los 1970, desde el otro lado se insinúa que acaso la desaparición no sea tal, sino una pura maniobra política.

En definitiva, la desaparición de la que habla el país es el reflejo, una vez más, de la “grieta” política que hace difícil cualquier debate porque lo importante nunca es el tema en cuestión sino imponer la versión propia sobre la realidad.

Así, de un lado están quienes pugnan porque se considere a Maldonado como víctima de una desaparición forzada en la cual el Estado es el victimario.

Tras el cambio de la carátula en la causa judicial, el diario kirchnerista Página 12 tituló “30.001”, con las caras de los desaparecidos de la dictadura como fondo. Ese mensaje, con una cifra de fuerte contenido simbólico, no puede ser más elocuente.

A partir de allí se intensificó la campaña por equiparar el caso con las desapariciones de la dictadura. Los gremios docentes llevaron el tema a las aulas y los artistas lo hicieron en sus espectáculos, mientras en actos de la oposición presionan por la renuncia de Bullrich.

Para completar la polémica, los anti kirchneristas aprovecharon la ocasión para acusar de cinismo a la oposición y recordar cómo en su etapa de presidenta, Cristina Kirchner mostró indiferencia ante los reclamos de pueblos originarios, como los Qom del norte.

Desde el gobierno, la visión sobre el caso Maldonado es distinta. Todos los días se plantea nuevos elementos que alimentan la sospecha de una utilización política de esta desaparición.

Para empezar, el gobierno no acepta responsabilidad de la gendarmería en la desaparición. Los testimonios de testigos no terminan de ser convincentes.

Y una prueba de laboratorio dio que los restos de sangre en la camioneta donde presuntamente se habían llevado herido al artesano, en realidad eran de sangre animal.

La actitud de la familia

Por otra parte, resultó sugestiva la actitud de la familia de Maldonado. Las autoridades denuncian falta de colaboración y hasta se habló de que, cuando se les pidió ropa para que los perros de la policía pudieran seguir el rastro, entregaron prendas de otra persona, con la intención de confundir la búsqueda.

Más sugestiva fue la reticencia de los miembros de la familia a realizarse un test de ADN para cotejar su sangre con los restos hallados en lugares donde se habían producido incidentes.

La versión del gobierno

La versión que dejó filtrar el gobierno es que Maldonado fue herido al participar en una acción violenta de tipo guerrillero junto a la organización Resistencia Ancestral Mapuche, en una estancia de la provincia de Chubut, perteneciente al grupo empresario italiano Benetto.

El cuidador de la estancia –que es de ascendencia mapuche– denunció que entraron dos encapuchados armados y que, al defenderse, hirió con un cuchillo a uno de ellos.

A partir de allí se especuló con que pudo haber muerto por sus heridas o que, tras ser atendido fuera del sistema médico oficial, haya sido trasladado a Chile. En ese país también actúa la organización mapuche, y resultó llamativo el dato de que el teléfono celular de Maldonado tuviera línea chilena.

¿Guerrilleros mapuches?

El costado más curioso de este hecho, sin embargo, excede la cuestión personal de Maldonado: fue el descubrimiento de un embrión de organización guerrillera indigenista en la región patagónica y el resurgimiento de un viejo debate de revisionismo histórico.

El grupo Resistencia Ancestral Mapuche no se limita a arrogarse la representación de este pueblo indígena –a pesar de que sus miembros tienen en su mayoría tez blanca y apellidos ingleses o españoles–, sino que desconoce abiertamente la autoridad del Estado argentino.

El RAM plantea que tiene derechos sobre una vasta extensión de tierra tanto en Argentina como en Chile. Y reivindica la lucha armada como método para lograr sus fines.

En actos de protesta quemaron la bandera argentina. Y su líder, Facundo Jones Huala, es su figura más controvertida. Detenido hace dos meses, tiene un pedido de extradición desde Chile, donde se lo acusa de incendiar estancias, organizar atentados y portar armas de fuego.

Jones Huala, de padre inglés y madre con ascendencia mapuche, tiene 31 años y nació en Bariloche. Maneja un discurso que mezcla la reivindicación de los pueblos originarios, la proclama anticapitalista y la bandera ecologista.

Muchos lo desprecian como un personaje menor, un frívolo que adoptó una moda de indigenismo impostado.
Pero muchos otros se toman muy en serio sus proclamas y advierten que lo que hoy es un grupúsculo puede ser el origen de una guerrilla dispuesta a menoscabar la soberanía argentina sobre la Patagonia.

Apoyo kurdo

Los más alarmados señalan que Resistencia Ancestral Mapuche tiene contactos y esponsoreos internacionales, incluyendo una ONG con sede en Inglaterra y que han recibido entrenamiento y apoyo logístico por parte de guerrilleros kurdos.

El temor que se ha planteado es que haya un terreno fértil para el crecimiento de ese movimiento, de la mano del revisionismo histórico que condena la llamada “Conquista del Desierto”, llevada a cabo por el general Julio Roca a fines del siglo 19, y que considera ese episodio histórico como un genocidio y un despojo de tierras ancestrales.

Roca, dos veces presidente, es una de las figuras más controvertidas de la historia nacional.

Su rostro adorna los billetes de 100 pesos, que la ex presidente Cristina Kirchner intentó sacar de circulación y reemplazar por un nuevo billete con la efigie de Eva Perón.

Es por eso que los defensores de la versión histórica tradicional, ante el temor de que gane fuerza un reclamo por un enclave de reserva indígena, han recordado que los mapuches no son, en realidad, un pueblo originario.

La tesis más defendida por los historiadores es que el guerrero pueblo mapuche, a comienzos del siglo 19, cruzó la cordillera desde Chile y que masacró a los pacíficos tehuelches, el verdadero pueblo originario patagónico.

Fuente: El Observador

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