Prostitución VIP: desfile de lágrimas





Leandro Santos rodeado de sus modelos en un desfile en Punta del Este. Foto: EL País

Desde un lugar que no puedo revelar, frente a una pantalla, una modelo uruguaya recibe mis preguntas y siente ganas de vomitar. Pasaron seis años, tal vez más, pero los recuerdos todavía son carne viva. No. No va a responder.

Dice que quiere denunciar la amenaza de muerte que sufrió de parte de un abogado para que no siguiera hablando. Critica a la Justicia por haber permitido que se filtrara su nombre pese a ser una testigo protegida. Dice que debió irse “exiliada” del país. Cuenta que debió internarse en un centro de salud mental por la “terrible depresión” que padeció. Siente que esta es una oportunidad para calmar su impotencia, convierte la rabia en coraje por unos segundos y entonces anuncia que sí, que va a responder, pero al cabo de unas horas se desmorona. Sus padres le piden que no lo haga. Una modelo que pasó por lo mismo le advierte que si habla conmigo la matarán. Será mejor no seguir con el tema, me dice.

Pero la historia sigue su curso porque hace 20 días la Policía argentina detuvo a Leandro Santos, un mánager de modelos de 35 años, al que la Justicia uruguaya pretendió capturar en 2012 en el marco de una investigación sobre proxenetismo y trata de personas con fines de explotación sexual. Santos es el cuarto acusado de participar de esta red que, de acuerdo al fallo judicial, reclutaba modelos para explotarlas como prostitutas, y las manipulaba haciéndoles creer que era la única forma de triunfar. Los otros tres, uruguayos todos, fueron procesados y ya cumplieron su condena.

La detención de Santos se concretó recién el 31 de octubre a solicitud de la jueza Beatriz Larrieu, que a su vez hizo lugar al planteo del fiscal Carlos Negro. Cinco años antes, la jueza Graciela Gatti y la fiscal Mónica Ferrero desistieron en su intento por extraditarlo luego de un ida y vuelta con la defensa de Santos. Entendieron que sería infructuoso por ciertas diferencias en la tipificación del delito de trata en las leyes de ambos países. De todas formas, mantuvieron la orden de captura a nivel nacional, de modo que en caso de que el argentino pisara suelo uruguayo sería encarcelado de inmediato.

El expediente estuvo guardado en la sede de Crimen Organizado durante todo este tiempo con actuaciones secundarias hasta que a la abogada de Santos en Uruguay se le ocurrió pedir el cese de la orden de captura de su cliente. Del otro lado del tubo la escuchó el fiscal Negro, que no conocía el caso más que por la prensa, pero que ahora ocupa el lugar de Ferrero.

—Yo solo sabía que había habido un caso, con gente condenada, y que el cliente de esta abogada no había sido condenado. Le dije que lo pidiera, en todo caso.

—O sea, fue ella misma la que activó la que a la postre fue la detención de su cliente.

—Sí, porque al pedir el levantamiento de la orden de captura me llevó a mí a mirar el expediente.

Eso fue en diciembre de 2016. A Negro le llevó tiempo reexaminar el caso, entre otras cosas porque todo lo relativo a la extradición de Santos se había concentrado en un expediente aparte que, aparentemente, se había traspapelado —lo cual le valió una observación al actuario a cargo.

Finalmente, el fiscal entendió “incuestionable” que Santos “tuvo participación activa y singular en calidad de autor en el delito de trata de personas (…), lo que obliga a la promoción de la correspondiente extradición”, según escribió en el pedido que elevó a la jueza Larrieu. En el escrito de 26 páginas Negro cita varias declaraciones y transcribe parte de las escuchas telefónicas para fundamentar que el argentino tenía una “posición dominante, abusiva y explotadora” sobre las modelos, lo cual a su entender justifica su comparecencia en el juzgado uruguayo.

Desde entonces, Santos enfrenta un juicio de extradición en Buenos Aires que puede extenderse algunos meses o más, en función de que la defensa interponga recursos de apelación. El juicio no busca analizar la responsabilidad penal del acusado, sino la pertinencia del pedido y si es “formalmente correcto”, explicó Negro. El fiscal agregó que en paralelo a la causa uruguaya, a Santos se le había iniciado ya una investigación en su país por “similares conductas presuntamente delictivas”, es decir, trata de personas.

Ahora, con la detención del argentino, la modelo que se debate entre callar y hablar se muestra escéptica. “No va a haber justicia, los peces gordos siempre zafan”. Y agrega: “Santos es apenas un pececito”.

Los culpables.

Una denuncia anónima dio inicio a la investigación en diciembre de 2010. Se avanzó lento, sobre todo durante los veranos, en Punta del Este. La jueza Gatti instruyó cientos de escuchas telefónicas. Tomó declaración a decenas de hombres y mujeres, entre las que hubo al menos 15 testigos protegidas. Finalmente, en el verano de 2012 consideró que había pruebas para procesar a tres personas.

Roberto Rodríguez, un hombre de 41 años que tenía antecedentes por sacar lucro de la prostitución ajena, fue preso nuevamente por un delito de proxenetismo, con el agravante de que se comprobó que al menos una de las explotadas era menor de edad. Pedía damas de compañía a través de avisos clasificados y se llevaba una comisión que cobraba su madre en locales de pago. A ella se la consideró cómplice y se la procesó sin prisión. En el juzgado intentó demostrar que el dinero que retiraba era por su trabajo —venta de ollas— y que no estaba al tanto de la actividad de su hijo.

El siguiente eslabón de la cadena era José Miguel Acosta, un hombre de 51 años que se había vinculado al modelaje casi de casualidad. La Justicia consideró probado que Rodríguez le ofrecía mujeres para prostituir, y que Acosta se vinculaba con Santos para extender la actividad a Argentina. A Acosta se lo acusó de proxenetismo y se le imputó también el delito de trata.

¿Qué sacaba Acosta a su favor? En primera instancia él declaró que cuando sus modelos mantenían relaciones con clientes de Santos, lograba que este le enviara una figura para algún desfile o evento a mitad de precio. Ahora asegura que esa declaración fue bajo presión y que fue “torturado” (ver entrevista en la página siguiente). En el expediente dice que el beneficio de Acosta era “variable”. Algunas modelos dijeron que las forzaba a tener sexo con ellas. Un cliente que lo definió como un “desgraciado” declaró que una vez sacó como ganancia un plato de comida; otro dijo que nunca supo que “se llevara algo”. Lo cierto es que la Justicia investigó sus cuentas y en vez de encontrar dinero, halló deudas.

En cuanto a las modelos, muchas terminaron envueltas en esta trama solo por haber trabajado con Santos o Acosta, y hoy hacen lo imposible por zafar del estigma: las que hicieron decenas de desfiles dicen que apenas los conocieron, y las que trabajaron puntualmente con ellos lo niegan.

En tanto, las que declararon como testigos protegidas quedaron expuestas en sucesivas publicaciones periodísticas, lo cual las afectó al punto de que tener que irse del país o cambiar radicalmente de actividad laboral. La leve protección de su identidad queda de manifiesto al recorrer el expediente y ver que los nombres no siempre están tachados y, cuando lo están, se distinguen con solo mirar a trasluz.

Los otros.

“Leandro, ¿tenés algo para decir? ¿Vos llevaste chicas a prostituir a Uruguay? ¿Te considerás inocente? ¿Y por qué crees que te acusan?”.

El momento en que detuvieron a Santos fue presenciado por dos movileros que lo atosigaron a preguntas mientras intentaban seguirle el paso a los oficiales de la Policía Federal, al tiempo que él, esposado, serio y consternado, respondía simples “no” alternados de “hablá con (Fernando) Burlando”, su abogado.

Por supuesto, la grabación se reprodujo por millones y a partir de ese momento, hasta el día de hoy, los medios argentinos han explotado todas las posibles aristas del tema: repitieron los nombres de las modelos que integraban la agencia Latin American Models, hicieron móviles desde el lugar donde supuestamente las chicas se prostituían a instancias de Santos, especularon con la identidad de los clientes, desde Alberto Nisman hasta Marcelo Tinelli, pasando por el presidente de Boca y el director de la telefónica Personal, y más.

Según contaron periodistas argentinos a El País, la caída de Santos provocó un estupor generalizado porque se teme que el mánager de modelos dé nombres y entonces muchos empresarios poderosos resulten salpicados por esta oscura trama. Los ojos de comunicadores y famosos están posados sobre todo en Ideas del Sur, la productora de ShowMatch, porque tanto Tinelli como sus principales hombres están mencionados en el expediente. Desde hace un tiempo rige “una orden de blindaje” que impide al personal de Ideas hablar con la prensa. Al menos hasta que pase el temblor, que se debe a la detención de Santos pero también a la crisis por la que los funcionarios no han cobrado su sueldo.

En Uruguay, los clientes de la red de proxenetismo y trata fueron básicamente comerciantes y dueños de boliches. El libro Sueños Rotos, de Javier Benech (Fin de Siglo, 2012), reconstruye la trama en base al expediente judicial y dedica un capítulo a los hombres que contrataron los servicios sexuales de las modelos. Benech sostiene que entre proxenetas y clientes utilizaban expresiones como “ringui-ranga”, “mujeres todo terreno”, “que conozcan el campo”, “que sirvan para facturar”, para referirse en forma velada al hecho de mantener relaciones pagas. Cuenta que los clientes uruguayos pagaban entre 1.500 y 2.000 pesos, mientras que en el caso de los argentinos la cifra iba de 300 a 3.000 dólares. En Montevideo, los encuentros se llevaban a cabo en moteles o apartamentos.

En su momento, la fiscal Ferrero no consideró que los clientes individualizados —al menos cuatro fueron a declarar— tuvieran responsabilidad penal en la causa.

Distinto fue el caso de Pablo Bentancur, el conocido contratista de fútbol. Bentancur reconoció ser cliente de chicas que le presentaban Acosta o Santos. Dijo que aunque él no “pedía”, el argentino “muchas veces” le ofrecía modelos para mantener encuentros sexuales o inventar noviazgos con futbolistas. Bentancur dijo también que a menudo las mujeres se le acercaban voluntariamente buscando contacto con jugadores a los que representaba.

Pero en las declaraciones de las testigos protegidas, Bentancur aparece como presuntamente implicado en la red de trata y proxenetismo. Hay sobre todo una conversación telefónica interceptada que lo deja mal parado y que se le hizo escuchar en el juzgado. En ella, Bentancur le dice a Acosta: “La morocha es más fácil para ligarla. Traeme la morocha (…) Mañana te juntás a primera hora y le decís clarito: Mirá, lo que hay es esto, dos lucas, mil ahora y mil al llegar allá, ¿ta? (a Italia). Decile que Pablo es un caballero, lo que quieras, te va a hacer regalos, te va a presentar una agencia de la puta madre. Eso es verdad, hay una carta invitación, se la mostrás y a otra cosa mariposa”.

Ese mismo día, Bentancur vuelve a llamarlo y le dice: “¿Esa morocha conoció el campo, no?”, a lo que Acosta le dice “sí, en Punta del Este”. Luego el contratista insiste: “Dos lucas y ta, no la asustes como que va a coger. Decile: Te va a presentar una agencia, hay una carta invitación de una agencia italiana, ¿entendés?”.

En el juzgado, Bentancur adujo que la plata que mencionaba era para cubrir el pasaje y explicó: “Lo que pasa es que José Miguel es muy atropellado para hablarles, iba en los dos sentidos (…) Yo se lo aclaro porque realmente había una agencia italiana atrás, y muchas veces les decía que para viajar tenían que acostarse con alguien, pero en realidad si pasaba, pasaba”.

En el libro, Benech escribe: “Las respuestas de Bentancur no dejaron conforme a la fiscal Ferrero, que estudia la posibilidad de citar nuevamente al contratista para que aclare algunos puntos que considera que aún están oscuros en su declaración”. Sin embargo, no se lo volvió a citar. El País intentó consultar a Ferrero sobre su decisión, pero no fue posible ubicarla.

Dos años después, según consta en el expediente, la defensa de Bentancur solicitó establecer “la ausencia de responsabilidad” de su cliente en el caso. Planteó que el nombre del empresario aparecía en varios medios vinculado a prostitución vip, que incluso algunos medios lo daban por imputado, y que un banco del exterior le exigía “acreditar en forma inmediata su ausencia de responsabilidad so pena de cerrarle la cuenta bancaria”. El juez que había heredado el caso, Néstor Valetti, aceptó el pedido, aunque fue menos condescendiente, y ordenó: “Expídase constancia únicamente que en los presentes autos no se encuentra encausado ni requerido el señor Bentancur”.

En 2012, entrevistada por Benech para el libro, Gatti dice que “la investigación debe seguir y profundizarse”. “Los procesamientos fueron apenas unos pocos hechos detectados, pero entiendo que hay más para analizar e investigar a fondo”.

Ahora que la trama volvió a cobrar notoriedad, ¿es posible que se retome la investigación? ¿Los clientes pueden llegar a considerarse responsables? El fiscal Negro entiende que no. A su juicio, lo que a ellos compete ya es “cosa juzgada” y por “seguridad jurídica” no corresponde volver a ponerlos en el banquillo. La Justicia argentina tiene la palabra, y en las manos de Santos está la paz de unos cuantos.

Santos las llevaba a Bs. As. a desfilar y luego las prostituía.

La jueza Graciela Gatti describió los principales elementos que incriminan a Leandro Santos al procesar a José Miguel Acosta, a quien consideró su socio del otro lado del río. Dijo Gatti: “Ha quedado probado que en una oportunidad Acosta acordó llevar a Buenos Aires para asistir a eventos como modelo a una chica, pero una vez allí, junto con Santos, le manifestaron que para acceder a mejores propuestas laborales tenía que mantener relaciones sexuales con algunas personas a las que calificaban como amigos muy poderosos del ambiente y contactos de Santos. Según recoge Javier Benech en el libro Sueños rotos, que reconstruye la trama, “la jueza Gatti subraya que a lo largo de su testimonio la joven lloró en varias oportunidades, lo que a juicio de la magistrada evidencia que más allá del dinero, la chica tenía la meta de ascender como modelo, todo lo que era prometido por Acosta y Santos, siempre que accediera a prostituirse”. Tres de las testigos protegidas relataron que en una oportunidad, previa coordinación entre Santos y Acosta, fueron a Buenos Aires para presentarse como modelos en una discoteca y participar de un desfile. Sin embargo, al llegar al lugar Santos las examinó físicamente en ropa interior y les dijo que no irían al desfile, sino a una fiesta en la que deberían mantener relaciones sexuales con hombres. Cuando llegaron, se encontraron con una verdadera orgía en un galpón de Palermo. Gatti destacó la coincidencia de sus relatos.

“Que venga Leandro Santos, así se verá que soy inocente”.

Cuatro años, tres meses y 19 días estuvo preso José Miguel Acosta. Hoy, a un año de salir, desempleado en su Melo natal y sin dinero para el boleto, insiste con su inocencia. Dice que lo torturaron para que confesara y que lo único que él hacía era “presentar” modelos con empresarios. Aquí, un resumen de la entrevista.

—A usted le imputaron un delito continuado de proxenetismo en reiteración real con un delito de trata de personas en la modalidad de reclutamiento con fines de explotación sexual. Hay escuchas y testimonios que lo incriminan. Pero se considera inocente.

—No, no me considero inocente: soy inocente. En cuanto a las escuchas, están todas editadas.

—¿Cómo sabe eso?

—Yo atendía el teléfono. Nadie mejor que yo para saber, porque yo sé exactamente lo que digo.

—¿Usted leyó lo que se transcribió en el expediente?

—Sí, leí todo el expediente judicial. En Uruguay existe algo que se llama indagatoria, en la que a uno lo tienen detenido 48 horas e incomunicado. ¿Por qué incomunicado? Por la sencilla razón de que lo están torturando, maltratando, obligando a decir lo que a ellos les da la gana, bajo presión, diciendo si vos no firmás esto vamos a meter presa a tu señora. Así me lo hicieron a mí. Seguramente el mismo sistema usaron con las cuatro chicas que declaran en mi contra, porque no tenían ningún motivo.

—O sea, usted dice que ellas declararon bajo presión y que las escuchas fueron editadas.

—Sí. Estoy convencido de que tienen que haber declarado bajo presión. A mí se me vincula con el proxeneta Roberto Rodríguez. Fui a careo y quedó completamente demostrado (que no) porque él dijo que había declarado bajo presión, que lo habían intimado a declarar contra mí. Fue lo mismo que me hicieron a mí. Yo solo sé que yo no cometí ningún delito y no vi a nadie cometerlo.

—En definitiva, sostiene que la Justicia se ensañó con usted.

—No sé si se ensañó, lo que sí sé es que se equivocó conmigo.

—Pero si lo obligó a confesar y le editó las escuchas, eso no es solo un error, eso tiene una intención.

—Yo creo en la Justicia, pero creo que como seres humanos que son, en mi caso se equivocaron. No sé si es por ensañamiento, no sé el motivo. Solo sé que se equivocaron conmigo porque yo no prostituí a absolutamente nadie. Ni siquiera falté el respeto a nadie en toda mi vida. Como yo trabajaba con personas de sexo femenino, muchas personas me llamaban para hacerme propuestas indecentes a las que yo siempre decía que no: Yo no trabajo con prostitutas.

—Si yo le pregunto qué significa “ringui-ranga”, ¿qué me dice?

—Una de las chicas usaba eso. Hacer cosas buenas sin contar con dinero, sin base, sin apoyo. Suprimamos la palabra ringui-ranga y digamos maravillas.

—¿Y una chica todo terreno?

—Una chica que, al igual que yo, puede dormir en un hotel común, viajar en ómnibus…

—La Justicia interpreta que esas expresiones se usaban para despistar, pero que se referían en definitiva a tener relaciones.

—Nunca se usó ningún despiste porque siempre fuimos explícitos. Me llamaban a pedirme si tenía una chica para presentar y yo decía ¿a qué te referís? Porque una cosa es presentar una chica y otra es venderla. Son dos cosas totalmente diferentes.

—¿Cómo conoció a Roberto Rodríguez Delgado?

—Me lo presentó una muchacha conocida. Yo ni siquiera sabía que él había estado preso por proxenetismo. Me dijo que él tenía un tipo de agencia, que me iba a mandar chicas para ver si se adecuaban para desfilar. Y bueno, ese fue el vínculo que yo tuve con él. Puse a la concubina de él, y dos chicas más de él que son justamente las que declaran contra mí. Por eso ahora, con esto de la extradición de Leandro Santos, si se concreta, ojalá que fuera así, porque entonces se va a comprobar y va a ser bien explícito que lo que yo hacía con Santos era un trabajo y nada más. Ahora, lo que Santos hizo o no hizo, yo no lo sé. Yo a él le contrataba modelos y le mandaba modelos para él, y él las ponía a hacer desfiles en la televisión, las sacaba en revistas, les hacía hacer actos de presencia en Buenos Aires, les pagaba y las chicas se venían. Algunas alegan que fueron a una fiesta de no sé qué y que no tenían para el pasaje, cuando el pasaje era gratis y yo se los había dejado ahí. Yo tenía arreglo con una empresa marítima.

—Se refiere a lo que ellas describen como una orgía en un galpón.

—Sí.

—¿Y cómo explica esa fiesta?

—Yo no sé porque no estuve en esa fiesta. Lo que sí sé es que después de ese episodio, durante un año siguieron yendo. Entonces, si a mí me golpean duro, si a mí me castigan, me maltratan una vez, y me quejo de ese maltrato, ¿por qué sigo yendo a trabajar con las mismas personas?

—Usted dice que no sabe por qué las chicas seguían yendo. Permítame leerle un pasaje de la fiscal Ferrero: “Quedó evidenciado que Acosta manipulaba las situaciones, valiéndose de la situación económica que presentaban sus víctimas, y el anhelo de llegar a la fama como modelos”.

—Ninguna de las supuestas víctimas estaba en peor situación que la verdadera víctima, que soy yo. Yo no soy un victimario, yo soy una víctima. ¿Cómo puedo manipular yo a una persona cuando no tengo nada? Ni siquiera sé lo que es una manipulación.

—Sigo con lo que le leía de Ferrero: “A su vez, todas las testigos protegidas fueron contestes en señalar que este las acosaba, las amenazaba e insultaba cuando no actuaban como él quería, les decía que no trabajarían más con él y que entonces deberían olvidarse de ser modelos, ejerciendo un claro poder psicológico sobre aquellas”. Cuando usted me preguntaba cómo las podía manipular, quizás aquí esté parte de la respuesta.

—Creo que es una falta de respeto a los psicólogos creer que una persona sin estudios en esa materia pueda usar un poder psicológico no siendo profesional. Es lo que tengo para responderle.

—¿Por qué aceptó esta entrevista?

—Porque estoy cansado de escuchar tantas barbaridades sobre mí. En un momento dije no aguanto más, no puedo dormir, estoy yendo a psiquiatra, a psicólogo, veo el sufrimiento de mi familia. Entonces, tengo que dar una explicación. Si yo hubiera cometido un delito aberrante como este, y aunque no fuera aberrante, le pediría disculpas a mi familia.

Fuente: El País

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