Seguridad en manos de los militares: Temer ordenó la intervención del ejército en Río

Foto: M. PIMENTEL/AFP

Se terminó la fiesta en Río de Janeiro. Tres días después de que finalizara la bacanal más famosa del mundo, el presidente Michel Temer dio vía libre este viernes para que las Fuerzas Armadas encabecen la lucha contra el crimen organizado en el segundo estado más rico de Brasil.

La intervención federal en el área de seguridad de Río es una medida inédita desde la restauración de la democracia en 1985 pero que, según Temer, se justifica por el descontrol imperante.

“El crimen organizado casi tomó el control” de Río y se ha convertido en “una metástasis que se propaga por el país y amenaza la tranquilidad de nuestro pueblo”, dijo el mandatario tras firmar en Brasilia el decreto.

La medida tiene efecto inmediato, aunque en un plazo de diez días el Congreso deberá ratificarla, y regirá hasta fines de diciembre cuando concluya su presidencia. La decisión presidencial supone que las fuerzas armadas asuman el control total de las operaciones de seguridad y comanden a los distintos cuerpos policiales y el sistema carcelario.

Solo en 2017 hubo más de 18 homicidios intencionales por día en ese estado, según el oficial Instituto de Seguridad Pública (ISP).

Los tiroteos entre traficantes y agentes se volvieron constantes en las empobrecidas favelas cariocas, con muertos por balas perdidas aumentando cotidianamente.

“No podemos aceptar pasivamente la muerte de inocentes. Es intolerable estar enterrando padres y madres de familia, trabajadores, policías, jóvenes y niños y viendo barrios enteros sitiados, escuelas bajo la mira de fusiles y avenidas transformadas en trincheras”, señaló Temer.

Esa frase del presidente fue casi una fotografía de la cotidianidad de la población carioca, que es víctima desde hace más de un año de una creciente e indiscriminada violencia urbana que el año pasado causó 6.731 muertes, entre las que se cuentan las de más de 100 policías y 10 niños, muchos alcanzados por las llamadas “balas perdidas”.

En lo que va de año, se han registrado más de 150 muertes violentas en Río de Janeiro, una ciudad que se acostumbró a vivir con 20 tiroteos al día

El desencadenante de la intervención fueron los desbordes del reciente carnaval, durante el cual se multiplicaron los asaltos a mano armada y las agresiones.

El propio gobernador de Rio, Luiz Fernando Pezao, admitió que las cosas se le habían ido de las manos. “No estábamos preparados”, declaró.

El interventor al mando de todas las tropas será el general Walter Souza Braga Neto, actual comandante de la región militar del Este, que se había ilustrado como coordinador de operaciones durante los Juegos Olímpicos de 2016.

El gobierno federal envió en julio pasado 8.500 militares al estado de Rio para apoyar a las fuerzas policiales, sin resultados visibles hasta ahora para contener la guerra entre bandas, el robo de camiones de carga o los “arrastrones” cometidos por decenas de jóvenes contra grupos de personas en las playas o en cualquier punto de la ciudad.

Las fuerzas armadas fueron llamadas desde el fin del régimen militar (1964-85) a asumir el control de la seguridad en diferentes situaciones específicas, como grandes acontecimientos internacionales o deportivos, pero nunca por un periodo tan prolongado.

Cálculos políticos
A pesar de que la medida de Temer responde a una realidad concreta, hay quienes ven cálculos políticos en esta decisión a pocos meses de las próximas elecciones y en momentos en que el presidente bate récords de impopularidad, tiene dificultades en hacer avanzar su principal proyecto -la reforma de las jubilaciones- y se encuentra en la mira de posibles nuevas investigaciones por corrupción.

“Temer está haciendo muchas cosas para desviar la atención”, dijo David Fleischer, profesor emérito de ciencias políticas de la universidad de Brasilia.

Ignacio Cano, profesor del Laboratorio de Análisis de la Violencia, apuntó que se trata de “una medida cosmética que genera visibilidad en las calles y cierta sensación de seguridad en pleno año electoral, lo que genera la sospecha de que sea una decisión tomada por el PMDB” (Partido del Movimiento Democrático Brasileño, el partido de Temer).

Críticas
Organizaciones humanitarias y analistas cuestionaron la decisión del presidente de Temer bajo el argumento de que el ejército estaba preparado para hacer la guerra contra un enemigo, pero no para restaurar el orden en áreas urbanas.

Este es un aspecto de la intervención especialmente preocupante para una ONG como Human Rights Watch (HRW) debido a la ley que impide a la justicia civil juzgar actuaciones del Ejército.

La decisión de Temer “va en la dirección equivocada porque parece indicar una estrategia militarizada frente a los gravísimos problemas de seguridad pública de Río”, dijo a Efe César Muñoz, vocero de HRW Brasil.

El investigador de HRW consideró “preocupante que el interventor de la seguridad vaya a ser un general activo” y además manifestó su preocupación “porque el entrenamiento de un militar es hacer la guerra”.

También Edison Diniz, director de la ONG “Redes da Maré”, que promociona el desarrollo sostenible en el mayor conjunto de favelas de Río de Janeiro, cuestionó la decisión del presidente.

“Ya tuvimos intervenciones semejantes, inclusive una acá en Maré por casi año y medio y a un costo muy alto. Eso no tiene algún resultado positivo, no es el tipo de solución que resolverá la violencia en Río de Janeiro”, señaló Diniz.

A su juicio, el discurso que se ha utilizado es “de guerra” y de “control de territorios pobres”.

Fuente: El Observador




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