Una chica de pueblo que cambió los lujos por la cárcel

Paola Fiege tenía apenas 20 años cuando conoció al sindicalista argentino, Marcelo Balcedo, quien le lleva 21 años. Fiege tenía un rostro y una figura de modelo. Llevaba el cabello largo y rubio igual que lo hace ahora.

En ese momento, Fiege vivía en Villa Cabello, uno de los barrios más populosos de la ciudad de Posadas, Misiones. Balcedo, entonces de 41 años, de profesión ingeniero con un máster en Comunicaciones en Estados Unidos, viajaba a menudo a Posadas por negocios.

Tras formalizar su relación con Balcedo, Fiege dejó atrás Villa Cabello. La pareja declaró en Argentina que tiene dos residencias en Puerto Madero, uno de los barrios más exclusivos de Buenos Aires.

El 1° de diciembre de 2008, Balcedo y Fiege pusieron pie en el balneario Playa Verde, ubicado a 35 kilómetros de Punta del Este. Fiege adquirió una propiedad por la suma de US$ 310.000, según la investigación realizada por el fiscal penal Rodrigo Morosoli.

Con el correr de los años, Fiege compró en el lugar los derechos posesorios de otros 11 padrones por valores que oscilaban entre US$ 20.000 y US$ 1.600.000.

Cuando la pareja ocupó los predios cercanos a la cima del Cerro del Burro en Playa Verde, lo primero que ordenó fue el corte de los eucaliptos y montes que se encontraban en el lugar. Durante las refacciones en los diversos padrones del establecimiento denominado “El Gran Chaparral”, Fiege pagó casi US$ 2.899.985 a un arquitecto.

También le abonó US$ 700.000 por otras obras, según el relato del fiscal Morosoli en la audiencia de la formalización de la investigación penal efectuada el martes 30.

Las personas que conocen a Fiege la describen como alguien acostumbrada a que se cumpla su voluntad, inteligente y que sabe lo que quiere.

Personal que trabajó a sus órdenes sostiene que Paola es la que se encarga de la operativa de los negocios pensados por Balcedo.

“Él los piensa y ella los lleva a cabo”, dijo un hombre que fue contratado por Fiege. “Ella es de trato amable, pero firme”, agregó.

Paola también se encargaba de contratar y pagar los sueldos de los 22 trabajadores que cumplían tareas de limpieza, chofer, cuidados de los niños, cocina y mantenimiento de las áreas verdes de “El Gran Chaparral”. Gran parte de los sueldos los pagaba “en negro”, según la investigación de Morosoli.

Fuente: El País




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