Uruguayos donan sangre para tener fin de semana largo





Una sola hoja puede hacer que un árbol florezca. De ti depende”, decía un cartel este viernes a la entrada del jardín de infantes La Cigüeña, del colegio Cervantes. La “hoja” alude a los 450 mililitros de sangre que dona un adulto en promedio; el “árbol” representa a los pacientes enfermos y necesitados que esperan por donantes.

La pancarta estaba allí para dar la bienvenida a los 64 voluntarios que se anotaron para concurrir a la jornada de donación solidaria que organizaron los padres del “Papi Fútbol” del colegio, y al que el Servicio Nacional de Sangre (SNS) brindó todo el apoyo logístico y material para que se llevara a cabo. Apoyó con todo el dispositivo médico, y con medialunas, alfajores de maicena y refrescos, para que el donante reponga la glucosa perdida.

El gobierno no solo aplaude iniciativas de este tipo, sino que las celebra y promueve, porque se necesitan más voluntarios que se acuerden de la importancia de brindar su sangre no solamente en la fechas conmemorativas, como la de este domingo en que se celebra el Día Nacional del Donante Voluntario.

No obstante, en Uruguay “nadie se muere por falta de sangre”, explicó a El Observador Ismael Rodríguez, grado cinco en Hematología y director de la Cátedra y el Departamento de Medicina Transfusional de la Universidad de la República. Pero sí hace falta “una racionalización y sistematización de las donaciones”, lo que se logra expandiendo la conciencia y la voluntad en la población.

Fue para lograr ese cometido que el SNS comenzó, desde 2012, a “trasladarse hacia donde está la gente” y coordinar varias actividades de este tipo por año con distintos sectores de la sociedad civil, explicó su directora, la doctora Lourdes Viano. “El país necesita llegar al 100% de voluntarios”, dijo a El Observador, mientras colaboraba como una funcionaria más con las tareas técnicas de la jornada en el jardín de infantes.

En Uruguay no existen problemas de abastecimiento de sangre porque funciona una red de coordinación entre los 74 bancos del país, que centralizan su información en el SNS. Si un paciente lo requiere y su prestador está en apuros, sale en auxilio otro servicio, explicó Viano. “Esa actitud solidaria que hay entre todos es la gran fuerza del sistema”, afirmó. Sin embargo, que no haya constancia o que solo se done ocasionalmente para obtener el día de licencia otorgado por la ley, tiene sus costos. Cada “bolsa” donada, se estima en un valor de entre US$ 125 y US$ 150. Pero, en muchos casos, la sangre donada es excesiva porque se trata de un elemento perecedero y se generan picos de donantes.

“Por ejemplo –narró Rodríguez–, el pasado viernes 3 de noviembre, que fue un día sándwich porque el anterior era feriado, mucha gente aprovechó para tener un fin de semana largo. Solo en una mutualista del Casmu donaron 140 personas, cuando en un día normal lo hacen 40”. Por ese desperdicio generado por una actitud para nada solidaria, el año pasado se tiraron a la basura entre US$ 8 millones y US$ 10 millones en costos del proceso.

Lo que hay y lo que falta

Rodríguez lo afirma sin titubear: “Estamos entre los países del primer mundo, con una tasa de donación de sangre de 24 por cada 100.000 habitantes”. Es decir, se tiene claro que el problema no es la cantidad de donantes. Según datos oficiales, en 2016 se presentaron para dar sangre aproximadamente 100.000 uruguayos. De ellos, solo el 50% se acercó en forma voluntaria, el medio vaso lleno que el SNS quiere llenar a tope en el futuro, además de agrandarlo. El otro 50% dona porque un familiar o allegado lo necesita ya que va a ser operado. Pero el sistema de salud no tendría necesidad de solicitar donaciones ante cada internación si todos los uruguayos aptos lo hicieran al menos dos veces por año.

El principal desafío que debe afrontar el gobierno, para Viano, es “precisar con exactitud” las necesidades que tiene el país en esta materia, siguiendo lo que dictamina las organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud, no solo en cuanto a la sangre y sus cantidades, sino también en lo relativo a las nuevas tecnologías que se necesitan.

“Por ejemplo, necesitamos separadores celulares para obtener plaquetas –uno de los componentes sanguíneos encargados de la coagulación–, necesarias para pacientes con leucemia o anemia”, señaló Viano. Uruguay tampoco tiene plantas procesadoras para la extracción de los hemoderivados, como lo son los glóbulos rojos y blancos. Para esa tarea se recurre a un convenio firmado con la Universidad de Córdoba de Argentina. En definitiva, Uruguay no solo necesita sangre. También precisa mucha cabeza y donantes solidarios.

Las claves

Aprobado. El Servicio Nacional de Sangre recibió la recertificación de la norma internacional sobre gestión ISO 9001 en 2016.

Rechazados. De los 100.000 donantes que se presentaron el año pasado, cerca de 14.000 fueron rechazados por razones médicas.

Frecuencia. El período que se aconseja en el hombre entre una donación y otra son tres meses. En la mujer, cuatro.
Sinceridad. Se pide que todos los donantes sean honestos sobre su salud.

Fuente: El Observador

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