A la espera del examen de ADN, revisan el relato del joven que confesó el crimen del diácono – 11/06/2019

«Hola, me llamo Roberto Javier Céspedes, hablo por el caso Luquin, de Guillermo, el diácono asesinado… Empezó esto, más o menos, cuando yo tenía 15 años…”.

Así comenzaba el online video casero que filmó uno de los dos acusados de matar al diácono de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de la diócesis de Lomas de Zamora, donde confesaba el brutal crimen. Al menos su versión de los que sucedió en los últimos minutos del sábado 8 de junio y la madrugada del 9.

«La noche del sábado, el chabón me contactó por Telegram. Nos invitó a que tuviéramos una charla con él, que tomemos una Coca, que comamos algo, porque se sentía muy solo«, contó Céspedes (18) sobre cómo arrancó la cita a la que fue con su novio, Leonel Iván Martínez (20), también detenido.

Luego, dijo que el diácono lo acosaba desde la adolescencia, que decidió entregarse porque se hace «cargo de lo que hizo» y que el crimen se desencadenó luego de que descubriera a Luquin desnudo, masturbándose en el cuarto.

Empezó a forcejear conmigo, como para obligarme a tener relaciones con él. Me empuja contra la cama, me baja el pantalón y me mete el dedo en la cola«, sigue el relato del detenido, donde cuenta que en la lucha se sumó su novio, que ambos se defendieron y mataron al diácono.

El movie dura 7 minutos y 38 segundos y deja muchas dudas a los investigadores, según pudo saber Clarín. Interrogantes que se intentarán responder durante la indagatoria de este miércoles ante el fiscal de la UFI N°6 de Lomas de Zamora, Carlo Baccini.

Guillermo Luquin, diácono de la parroquia Nuestra Señora del Cármen, asesinado en su casa de Villa Galicia.

Guillermo Luquin, diácono de la parroquia Nuestra Señora del Cármen, asesinado en su casa de Villa Galicia.

Céspedes filmó el movie casero antes de entregarse en la comisaría N°8 de Villa Galicia, en Temperley, junto a su novio, a las 5 de la madrugada de este martes. Horas antes, los investigados habían allanado su casa, habían hablado con sus vecinos y familiares. Period inminente su arresto por el homicidio de Luquin (52).

Sus huellas dactilares habían quedado en el vaso con Coca Cola y, según confirmaron las fuentes, también en una mancha de sangre en la pared de la habitación donde yacía el cuerpo desnudo y envuelto en sábanas del diácono, al que le fracturaron la cabeza de un golpe con un velador y una barreta y le dieron cinco puñaladas en el cuello, brazos y la panza.

Cuando los peritos confirmaron la identidad del dueño de esos dos rastros dactilares, comenzó la cacería del principal sospechoso del crimen del religioso. Buscaron sus datos en los registros judiciales para ver si había alguna denuncia donde constara su domicilio y teléfono: allí aparecía que el 7 de mayo pasado había denunciado que sus compañeros de colegio lo discriminaban por ser homosexual.

Los investigadores no se asombraron al descubrir que la casa de Céspedes queda apenas a 500 metros de la propiedad de Luquin, ubicada en Bombero Ariño al 800, en la localidad de Temperley. Aunque les llamó la atención el medio electrónico por el cual el sospechoso dijo que se contactó con el diácono: Telegram.

El último adiós al diácono Guillermo Luquin en la parroquia Nuestra señora del Carmen. (Maxi Failla)

El último adiós al diácono Guillermo Luquin en la parroquia Nuestra señora del Carmen. (Maxi Failla)

Las fuentes indicaron a Clarín que, tras revisar las redes sociales de Luquin, descubrieron que solía utilizar Facebook para concertar citas con uno o dos hombres, conocidos o no y que luego intercambiaban sus números de teléfonos para cerrar los detalles del encuentro por WhatsApp. Es más, uno de esos contactos fue llevado a declarar como testigo en la causa ante el fiscal Baccini el lunes.

La versión del detenido

Lo cierto es que Céspedes, con su video y las huellas dactilares, quedó muy complicado en la causa que se investiga el crimen. Contra el novio, Martínez, los investigadores no tienen tantas pruebas. Ambos están detenidos.

Por el momento no hay huellas de Martínez en la escena del crimen, aunque esperan que el examen de ADN lo ubique allí. Se supone que fue el destinatario del segundo vaso de Coca Cola. “Los testigos del caso refirieron que el diácono no bebía de esa gaseosa y que la tenía para cuando iban invitados”, detallaron las fuentes.

Por lo pronto, en el relato que hace Céspedes en el video clip casero también pone en la escena del crimen a su novio y cuenta cuál fue su rol, más allá de dejar en claro que Luquin lo acosaba desde que él tenía 15 años.

Cuando me iba para el colegio, el diácono se acercaba cada vez que salía de mi casa, acosándome, preguntándome si necesitaba algo… Seguía insistiendo en que quería tener algo conmigo«, narró Céspedes.

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Y explicó por qué grabó el movie: «Esto lo hablo más que nada por si me quieren hundir, pero yo me estoy entregando voluntariamente a declarar, como corresponde, como toda persona que se tiene que hacer cargo de lo que hizo«.

Una vez dicho esto, continuó contando cómo se habían contactado el sábado 8 de junio con el diácono: «Estaba con mi pareja. Le conté a él (Luquin) que tenía novio… que si en todo caso le molestaba que yo acudiera a la reunión con él, a lo que me dijo que no«.

Los dos detenidos por el crimen del diácono Guillermo Luquin.

Los dos detenidos por el crimen del diácono Guillermo Luquin.

Según Céspedes, llegaron a la casa del diácono a las 23.57. La info de muerte fue ubicada entre las 23 del sábado y las 2 del domingo.

El detenido agregó que les ofreció gaseosa y que, en determinado momento, les hizo una invitación: «Nos dijo que tenía unos cuadros en la habitación de él, que si los queríamos ver, le dijimos que sí, que no había ningún tipo de problema, mi novio va al baño y yo voy con él«.

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Pero antes de ir al cuarto, y mientras su novio estaba en el baño, Céspedes señaló que se quedó tomando la gaseosa. “Cuando estoy entrando a la habitación, lo encuentro a Guillermo que se estaba masturbando en la cama, con todo el cuerpo desnudo, a lo cual le digo que lo que estaba haciendo era una falta de respeto«.

Y entonces ahí dijo que lo quiso obligar a tener sexo. Y agregó: «Cuando me mete lo que es el dedo en la cola, sale mi novio del baño, porque escucha ruidos, estaba forcejeando conmigo. Él me quiso defender… A todo esto, Guillermo tenía un cuchillo en la mano, él estaba posado encima mío, cuando voy a querer sacarle la cabeza, porque me quería chupar el cuello, el chabón me muerde. Lo ve mi novio, lo empujó, lo quiso sacar de encima mío, no pudimos«.

El lunes por la noche hubo una marcha por el crimen del diacono Guillermo Luquín. (Marcelo Carroll)

El lunes por la noche hubo una marcha por el crimen del diacono Guillermo Luquín. (Marcelo Carroll)

Y dio el detalle del manejo del cuchillo que más hace dudar a los investigadores: «Él me lo quería clavar a mí, entonces yo lo tomé por la muñeca y con la misma mano de él, y mi mano sobre su puño, se lo llevé hacia el lado de la carótida«.

«Obviamente, hubo indicios de forcejeo y de lucha en la habitación. Él, obviamente, para tratar de salvar su vida. Obviamente que yo y mi novio para hacer lo mismo«, se defendió antes de decir que el diácono les hacía preguntas sexuales: «Por ejemplo, si nos gustaría un trío, si nos gustaría estar con una persona mayor que nosotros«.

Luego, describió que se fueron ensangrentados, que llegó a su casa con miedo, que saltó por el techo y se bañó. Unas horas después, habló con su mamá y su hermana para “hacer lo correcto«. Y se entregó.

Edith, la madre de Céspedes, en diálogo con Telefé, avaló los dichos de su hijo: «Me contó lo que había pasado, pero yo no lo creí capaz. No es una persona agresiva ni nada por el estilo. Lo tomé como un chiste, pero recién me di cuenta  que period verdad después de que la Policía vino a allanar mi casa y que tenía pruebas».

La mujer contó que se enteró de los supuestos abusos a su hijo cuando vio el video clip casero que el chico grabó. “Sacando conclusiones, quizá las varias veces que se ha intentado matar puede que haya sido por eso, pero la verdad nunca me lo había contado», cerró.

LM

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