El Desfile Inaugural del Carnaval de Canelones llenó de shade y de emoción a la cash – HOY CANELONES

El pasado sábado a la noche, el Desfile Inaugural de Carnaval en Canelones se encargó de reunir a miles de espectadores, cientos de artistas y decenas de vendedores en el centro de la ciudad para una noche enteramente entregada al disfrute y el renacer de Momo. HOY CANELONES, cámara en mano y con los sentidos alertas, siguió de cerca la instancia, que acá comparte en esta crónica.

Las músicas y los cantos eran confusos en la esquina de Treinta y Tres y Calle Ancha. Entre pruebas de sonido, afinaciones, gritos y risas, la atmósfera transmitía la sensación de que algo grande estaba por ocurrir. Los primeros conjuntos en salir se encontraban en los últimos repasos para dar inicio al desfile. Murguistas, bailarines, payasos, músicos, máscaras y maquillajes: la fauna del carnaval en desorden y con todas sus características empezaba a contar los minutos.

Sobre las 21 hrs. salió el primer conjunto y los espectadores pudieron, al fin, sentir que estaban allí para algo. Así es que comenzaron a compartir aplausos y cantos a ritmo con los artistas que desfilaban sobre el asfalto de la siempre transitada calle de la money canaria. Casi tan inquietos como los artistas en el cruce de Rivera y Treinta y Tres, los niños se encontraban en plena fiesta de estímulos, colores, golosinas, máscaras por aquí, luces y juguetes por allá, todo aquello estaba para distraerlos y transportarlos por un rato hacia un lugar fuera de la realidad. Por otra parte, los adultos con los pies un poco más en la tierra, cuidaban de sus niños que, en muchos casos, atravesaban de un lado a otro de la calle con una libertad que en muy pocas ocasiones se da. Algunas de las sillas dispuestas a ambos lados de la calle se encontraban vacías aún, sin embargo las veredas de Treinta y Tres ya estaban cerca de saturarse.

Como es clásico, los vendedores son otros de los protagonistas del desfile, ya que se abren paso en la calle y aprovechan los huecos que hay entre un conjunto y otro para captar la atención de la gente. Uno de los tantos vendedores, cautivaba a los niños con una pistola de burbujas de jabón haciéndolos partícipes de su juego.

Los humoristas tomaron la primera parte del desfile, obteniendo la risa de la gran mayoría, con disfraces de payaso y otros encantos, conquistaron los primeros minutos de desfile, mientras que, a lo lejos se escuchaba la música de las Revistas. Luces de colores, coreografías, niños y adolescentes bailando, la calle estaba cubierta de cordón a cordón. Saltos, piruetas, cuerpos sueltos gastando sus energías al compás de la música que provenía de los parlantes que acompañaba a cada una de las agrupaciones.

Por allí se acercaba alguna guitarra, el redoblante, el brillo de los platillos y del llamativo maquillaje de los murguistas que, con sus trajes, regaban de alegría la calle y hacían sonreír al vecino o la vecina que los interpelara con la mirada. La murga canaria La Joaquina fue la primera en aparecer pocos minutos antes de las 22 hrs. Y así, continuaron las demás.

Y ¿qué es del desfile sin la influencia brasileña? Para el momento de las escolas de samba, la calle estaba más despejada que en los conjuntos anteriores: escuelas que se acercaban con sus improntas exuberantes, tanto en cuanto a atuendos y decorados como a cuerpos que bailaban la samba de Brasil con la gracia que merece, influenciados por las escolas, que estaban al paso. Muchos niños también aprovecharon la oportunidad de mover sus piernas y brazos con agilidad, llamando la atención de sus papás. Tras las inmensas polleras o las coronas con plumas, la vista de los espectadores pasó a formar rápidamente parte de la danza carnavalera.

Pocas cosas sorprenden o intimidan, en un buen sentido, como lo hace una gran cuerda de tambores, y una de esas cosas son las grandes banderas de las comparsas de negros y lubolos que con mucha facilidad se hacen notar desde lejos. Amarillo, azul, rojo, anaranjado, verde, blanco, extensos retazos de tela pasando y rozándose con las manos del público decían que llegaba el candombe. La primera comparsa de negros y lubolos tuvo su protagonismo sobre las 23., y la mayor parte del público demostró que ese period su momento preferido. El avasallador ritmo uruguayo se hizo dueño de los oídos y músculos de casi todos los presentes.

El ‘relajo’ marchaba con orden y felicidad plena hasta que un pequeño disturbio puso la pausa sobre las 00.25 hrs., cuando la comparsa canaria Alma Negra pasaba entre las calles Artigas y Rodó. La Policía llegó al minuto al punto del disturbio pero ya se había apaciguado. Uno de los integrantes del conjunto se marchó enojado del desfile, arrojó su camiseta y dijo ‘Hasta la próxima’. A los minutos de la intervención policial todo continuó como si nada hubiera ocurrido. Y enseguida el público se abstrajo con el coloration, el baile y la música de Alma Negra.

Al cierre, como desde hace cinco años, el grupo canario Jamaica fue otro de los que se hizo escuchar. Jóvenes y grandes sintieron la fiesta en su punto álgido, mientras que los músicos cantaban y gozaban a más no poder sobre un camión escenario que los enalteció por unos minutos.

Cerca de la una de la madrugada, los espectadores comenzaron a ir cuesta abajo ya más livianos, habiéndose soltado y cumplido con el ritual anual del Carnaval que recién comienza.

Texto y fotos: Fausto Hernández

 



Facebook Comments