El misterio del sicario fantasma, a un año del doble crimen narco de Belgrano – 08/06/2019

La abogada penalista Julieta Estefanía Bonanno cumplió sus primeras tres décadas de vida detenida en la cárcel de mujeres de Ezeiza. Y allí sigue hoy, en el pabellón 10 del Módulo I. Por la gravedad de la acusación que pesa sobre ella, y el riesgo cierto de ser blanco de una venganza, el Servicio Penitenciario Federal (SPF) la mantiene dentro de un sistema de «resguardo».

Julieta no tiene ningún contacto con la población común. No le pueden pasar ni cerca. Sólo comparte encierro con mujeres a las que en el lenguaje carcelario se denomina «asimiladas» porque son familiares de algún miembro de las fuerzas de seguridad o colaboraron como informantes.

Tanto cuidado tiene sus razones. «July», como le dicen sus compañeras de pabellón, está acusada de uno de los crímenes narco más impactantes de los últimos tiempos: el fusilamiento, en un departamento del barrio porteño de Belgrano, del mexicano Rodrigo Alexander Naged Ramírez (59) y su hijo, el colombiano John Naged (30).

El doble homicidio ocurrió hace un año, la tardecita del 4 de junio de 2018. Cada uno recibió un único y certero balazo calibre 9 milímetros en la cabeza. Ambos murieron al instante. El sicario que ejecutó el trabajo -y quedó filmado entrando y saliendo del edificio- escapó. Aunque en un momento hubo un sospechoso, éste finalmente fue liberado porque logró establecer una coartada.

Lo único que se sabe de él es que el día de los homicidios llegó al lugar en un Chevrolet Corsa gris oscuro. El auto paró un segundo sobre Cabildo, el asesino se bajó y luego el Corsa dobló y se fue. El coche quedó registrado por las cámaras de seguridad del banco Santander Río ubicado en la esquina de Cabildo y Roosevelt. Pero la mala calidad de la filmación no permitió determinar la patente.

Bonanno, a quien el asesino dejó viva «milagrosamente», terminó sepultada en pruebas que la señalan como la entregadora del mexicano a quien ella representaba en la megacausa «Bobinas Blancas»: el intento de contrabando de más de una tonelada de cocaína con destino a España y Canadá.

Videos del edificio de las víctimas, pólvora en sus ropas, anotaciones misteriosas encontradas en su casa de Ituzaingó. Todo esto la complica, aunque ella asegura, una y otra vez, que es inocente, que fue víctima de un complot.

John -de nacionalidad colombiana- había viajado a Buenos Aires desde México para asistir a su padre, que en enero de 2018 había sufrido un ACV estando preso. El hombre quedó muy afectado. Por eso primero fue excarcelado y luego declarado inimputable.

Pero esa situación legal no era definitiva y debía someterse a controles médicos periódicos para determinar si había recobrado su capacidad intelectual. Por eso, padre e hijo vivían en un departamento alquilado y pobremente amoblado, sobre la avenida Cabildo. Naged Ramírez, nacido en Tolima (Colombia) y nacionalizado mexicano, no estaba preso, pero tampoco podía volver a su país.

Atrapados en Buenos Aires, aquí no tenían ni muchos amigos, ni contactos, ni trabajo. Gran parte de su vida cotidiana dependía de su abogada, Julieta Estefanía Bonanno, que -según ella misma explicó- hasta les pagaba el alquiler hasta tanto la familia pudiera enviarles dinero desde México. 

En ese contexto son reveladores los diálogos de John Naged con su novia, que constan en la causa y  a los que ahora tuvo acceso Clarín. En ellos ambos parecen señalar a «July» como objeto de sus temores y sospechas.

Novia de John: Qué rabia esa vieja, cielo, deja mucho que pensar. Además que duda uno que esté haciendo algo para solucionar las cosas y que si le está trabajando su caso.

John: Eso es lo de menos, que no esté confabulando quién sabe con quién. No confío ni cinco en ella, pero ni cinco.

Julieta Bonanno, la abogada detenida por el doble crimen. (Télam)

Julieta Bonanno, la abogada detenida por el doble crimen. (Télam)

Los mensajes siguen siempre en relación a la mujer de la que desconfían: los deja plantados, los cita en algún lugar y no se presenta, les pone excusas.

«Parece como entregándolo a uno porque es muy raro«; «Me tiene muy maluco, parece que esa vieja nos estuviera entregando«, le dice John a su interlocutora, y le cuenta que acuerdan una cita con ella y no aparece, lo que le da mucho miedo.

«Me da como miedito  y ojalá no sea lo que yo pienso. Porque ya con la de hoy como que siento (a) ella buscándonos el lado flaco. Como con ganas de arrancarnos o poniéndonos para que nos arranquen«, alerta John a su novia. 

Otro dato suma más intriga al caso. Según consta en el requerimiento de elevación a juicio por el doble homicidio, el iPhone de Bonanno secuestrado en su casa de Ituzaingó fue enviado para su análisis a Estados Unidos y se descubrió «que la imputada habría borrado más de treinta contactos vinculados a Méjico (sic)«.

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Para la Justicia, esto apuntala la hipótesis más firme del caso: que el doble homicidio de Belgrano fue encargado desde México por los hombres que contrataron a Naged Ramírez para que viajara a la Argentina para acondicionar el embarque de droga en bobinas de acero.

Aunque había sufrido un ACV, Naged Ramírez se estaba recuperando y tal vez temían que hablara. Además, el mexicano estaba acorralado por las deudas. Debía casi un millón de pesos a la clínica privada de Monte Grande en la que lo atendieron cuando tuvo el accidente cerebrovascular. Su hijo ya había pagado por el tratamiento casi un millón y medio de pesos.

Un llamado de 64 segundos

-«¿Qué pasó?», le preguntó el operador de la línea 911 a la mujer que llamaba.

No sé, entraron. Empezaron a los gritos. A mí me encerraron«, contestó Julieta Bonanno, agitada, mechando algún «¡ay Dios!» en su relato.

«¿Siguen ahí?», continuó el operador.

«No, salí. Están muertos. ¡Por Dios!«, respondió la abogada.​

La llamada a la línea de emergencias dura apenas un minuto y cuatro segundos. Quedó grabada a las 22.35 del lunes 4 de junio. «Yo vine a ver a mi cliente. No sé. Entraron. Entró uno y empezó a los gritos. Están muertos los dos», dijo Bonanno.

Poco despues, la mujer repitió esta versión con más detalles ante los agentes de la Policía de la Ciudad que llegaron al departamento del 10° D del edificio de avenida Cabildo 2659, donde vivían las víctimas y donde fue el doble crimen.

El mexicano Rodrigo Alexander Naged Ramírez fue asesinado junto a su hijo en el departamento de Belgrano. Estaba procesado por el caso "Bobinas Blancas".

El mexicano Rodrigo Alexander Naged Ramírez fue asesinado junto a su hijo en el departamento de Belgrano. Estaba procesado por el caso «Bobinas Blancas».

De acuerdo a una pericia preliminar ordenada para trazar un perfil psicológico de la acusada, la perito evaluó que Bonanno había simulado su sorpresa cuando llamó al 911: «Respecto al audio ya mencionado que se resalta la explicación como un acting respecto de marcar la dirección del inmueble, la forma en la que resalta ‘entraron‘, ‘me encerraron’‘empezaron a los gritos’ y al requerimiento de qué pasó, manifiesta ‘no sé’«, señala el informe que consta en el expediente de más de 20 cuerpos.

Los rastros de pólvora se convirtieron en otro punto en su contra. Un primer análisis realizado por la Policía de la Ciudad determinó que había rastros de pólvora y otros metales en la mano izquierda de la abogada. Se encontraron puntualmente sobre la cara externa de esa mano, entre el dedo índice y el pulgar.

Ante este primer indicio, el juez Adrián González Charvay ordenó que se secuestre de la casa de Bonanno la ropa que supuestamente usó la noche del lunes 4 y que se busquen posibles rastros de pólvora y metales. Y ese análisis tambien dio positivo, aunque Bonanno, en lo poco que dijo en la causa, sostuvo, mediante un escrito, que esta pericia estuvo manipulada porque el pantalón analizado era de su madre y no fue el que ella usó el día de los homicidios.

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En realidad, fueron los videos de las cámaras de seguridad del edificio donde vivían las víctimas las primeras pruebas que apuntaron a la abogada. En las filmaciones se la ve muy cerca del sicario, incluso, parece que habla con él tapándose la boca mientras espera que le abran la puerta.

Existe una secuencia de una segunda cámara de seguridad que apunta al hall interno de la Planta Baja: ahí se ve un ir y venir errático del sicario, que sube y baja dos veces los diez pisos hasta el departamento de las víctimas.

A las 21.37 comienza la secuencia que la complica más. En la imagen se la ve salir del hall externo del edificio rumbo a la vereda. Mira como buscando algo que no encuentra y vuelve sobre sus pasos. Observa algo a su izquierda y vuelve a salir. Esta vez camina hacia la derecha y sale del ángulo de la cámara. Inmediatamente, detrás de ella pasa caminando en la misma dirección el sicario que acaba de bajar del Chevrolet gris. Se los pierde de vista.

Cuando unos minutos después, finalmente, John Naged junto con su padre bajan a abrirle la puerta, Bonanno entra con ellos y, detrás de los tres, lo hace, muy pegado, el asesino. Ni la abogada ni el sicario habían entrado segundos antes cuando lo hizo otro vecino.

Todo esto llevó a la detención de la abogada y al allanamiento de la casa de su madre, en Ituzaingó, donde ella vivía.

Operativo en el edificio del doble crimen, en Cabildo al 2600.

Operativo en el edificio del doble crimen, en Cabildo al 2600.

Allí se secuestró un papel manuscrito muy llamativo. En él aparecen seis nombres: cuatro detenidos del caso «Bobinas Blancas», el del fiscal de juicio y el de la misma abogada.

Debajo de cada nombre figura la fecha de nacimiento de la persona ,como si se tratara de una especie de carta astral o estudio numerológico.

Pero todo se pone más oscuro. Junto al nombre de Rodrigo Alexander Naged Ramírez dice la palabra «Muerto» y debajo de Max Rodríguez Córdova (otro de los detenidos) dice «Lo van a matar«. Esto hizo que el juez González Charvay alertara del hallazgo al fiscal federal que figuraba en el papel, el cual vivió con custodia durante meses. 

Julieta Bonanno, nacida el 28 de noviembre de 1988, nunca habló. Al momento de su declaración indagatoria, se declaró inocente, dijo que estaba medicada con «Clonazepan» por el estrés y pidió protección para su madre y su hermano. No dio su versión de lo ocurrido ni contestó preguntas. Tampoco dio pistas para identificar al asesino. Un sicario fantasma del que no se sabe nada. 

​El inesperado frente D’Alessio

En los últimos meses, Bonanno sumó a su estrategia un nuevo frente: pidió declarar ante el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla.

Ramos Padilla no interviene ni en la causa del doble crimen de Belgrano ni en el expediente original (el caso del intento de contrabando de cocaína a México y Canadá llamado «Bobinas Blancas»), por el que Naged Ramírez había sido procesado.

En su juzgado tramita la investigación contra el falso abogado Marcelo D’Alessio. Y es a él a quien Bonanno apuntaría para tratar de cerrar su idea del complot político-judicial en su contra.

«Queremos ser querellantes en Dolores porque uno de los procesados en esa causa (el ex espía Rolando Hugo Barreiro) sostuvo ante Ramos Padilla que D’Alessio intervino en ‘Bobinas Blancas’ y podríamos estar ante un espionaje ilegal», le dijo a Clarín Leopoldo Murúa, abogado de Bonanno.

El secuestro de cocaína en el operativo "Bobinas Blancas".

El secuestro de cocaína en el operativo «Bobinas Blancas».

Parte de la investigación de Dolores se enfoca en la hipótesis de que D’Alessio intervenía en causas de narcotráfico, haciendo espionaje para una agencia extranjera o para la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).

Lo de Bonanno podrá parecer una locura, pero lo cierto es que -según pudo chequear Clarín– en el teléfono celular del falso abogado secuestrado por Ramos Padilla había fotos de Naged Ramírez y su hijo, ya muertos, sacadas luego del ataque del sicario.

Además, al parecer, D’Alessio solía jactarse de su papel en diferentes casos y, entre ellos, el de «Bobinas Blancas», un procedimiento que terminó con 1.375,89 kilogramos de cocaína acondicionados en ocho bobinas de acero secuestradas en Bahía Blanca, el 18 de junio de 2017.

La droga había sido protegida con un sistema eléctrico especial para no ser detectada y el encargado de hacer ese sofisticado trabajo había sido Naged Ramírez, el cliente de Bonanno, quien había llegado a la Argentina el 12 de mayo de 2017 con la única misión de acondicionar el cargamento.

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Del juzgado de Ramos Padilla no se filtra información respecto de la presunta conexión D’Alessio/»Bobinas Blancas» . Y en el Tribunal Oral Federal N° 1 de San Martín, donde recayó la causa por el doble homicidio de Belgrano, ya contestaron un oficio de Dolores declinando la petición de que fueran ellos quienes interrogaran a Bonanno para ver qué tenía que decir.

El TOF tiene razones formales para negarse. Como la droga de «Bobinas Blancas» fue secuestrada en Bahía Blanca, sus colegas del Tribunal Oral Federal N° 4 -adonde recayó el expediente en marzo del 2018- consideraron que no les correspondía hacer a ellos el juicio, aunque el caso hubiera sido instruido en su momento por el juez federal González Charvay.

«Casación terminó decidiendo que el debate se llevara adelante en Bahía Blanca. Una cosa lógica porque la droga se secuestró allí. Algo similar debería ocurrir con el proceso abierto por el doble homicidio. Para nosotros no debe intervenir la Justicia Federal y es claramente un caso de Capital Federal y no de Campana, jurisdicción de Gonzalez Charvay», completó Murúa.

De hecho, aunque Bonanno ya fue elevada a juicio, el debate está «congelado» por cuestiones de competencia, tanto territorial como de fueros. Con la causa empantanada en el limbo judicial, todo parece indicar que -de momento- los misterios del caso, entre ellos el sicario fantasma, seguirán sin resolverse.

EMJ/LM

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