El tesorero Fendrich, el banco de los famosos y un atraco al Congreso: los 10 grandes «Robos del Siglo» en Argentina

Los grandes robos a bancos generan una curiosidad en la sociedad que, muchas veces, roza la admiración. El límite, por supuesto, es la existencia de heridos o muertos. Es que no se trata aplaudir el delito -frente al cual existe un consenso definitivamente negativo-, sino de la sorpresa ante las estrategias imposibles, las planificaciones milimétricas y los golpes de suerte, que logran vencer barreras de seguridad, cámaras y cercamientos.

No por casualidad, las historias de ladrones abundan en la literatura universal -desde Edgar Allan Poe a Roberto Arlt-, y alimentan series y películas taquilleras. «La casa de papel» (2017), «Un golpe con estilo» (2017) o la más reciente «Estafadoras de Wall Street» (2019) constituyen un ejemplo claro. Estas tres producciones tienen un aditamento: sus protagonistas atacan a quienes ellos y ellas consideran “estafadores”.

En la realidad, los atracos raras veces tienen un móvil altruista o de «justicia social». Y, a diferencia de la ficción, pocos culpables logran escapar de la ley. Sin embargo, sus hazañas, muchas veces, son dignas de la gran pantalla.

Clarín realizó una lista con los diez robos más importantes de la Argentina reciente: los “Robos del Siglo” (del XX y XXI), historias de túneles secretos y empleados desleales.

1. El Robo del Siglo

“Fue uno de los robos más originales de la historia. Se hizo de un modo muy empático con la gente: no se lastimó a nadie, no hubo muertos ni heridos y hubo mucha picardía, ya que se robó con armas de plástico. El país en ese momento seguía muy conmocionado por lo del corralito y los bancos. Y se formó una banda para robarle a uno”. Con esas palabras -extraídas de una entrevista a Viva-, Guillermo Francella resumía el famoso robo al Banco Río de Acassuso, efectuado el 13 de enero de 2006. Junto a Diego Peretti, protagoniza la película sobre este hecho, que llegará a los cines esta semana

El asalto real fue concretado por seis ladrones -cinco fueron condenados-, que cargaban pistolas de utilería. Su plan consistió en una toma de rehenes con el objetivo de distraer a los 200 policías y francotiradores del Grupo Halcón que los rodeaban, mientras ellos abrían 143 cajas de seguridad en el subsuelo. Se estima que se llevaron unos 19 millones de dólares, así como 80 kilos de joyas. Se escaparon por túneles subterráneos, no sin antes dejar una carta que rezaba: «En barrio de ricachones, sin armas ni rencores. Es sólo plata y no amores».

El grupo cayó cuando la esposa de uno de los asaltantes (Rubén de la Torre) los delató, sospechando que este se fugaría con una amante. Aunque sólo se recuperaría una mínima parte del dinero (cerca de un 20%), todos cumplieron tiempo en prisión. Ahora están libres. El ideólogo de la gesta, Fernando Araujo (Peretti, en la ficción), enseña artes marciales, es admirado por Andrés Calamaro y ganó otros tantos millones por su labor en la producción y guion del filme dirigido por Ariel Winograd. No volvió a hablar con los otros miembros de la banda. Ahora todos tienen una vida normal. Luis Vitette (interpretado por Francella), por ejemplo, vive en Uruguay y es dueño de una joyería: asegura haber gastado su parte de botín.

2. La Convertibilidad, ese engaño

El ataque al Tesoro Regional de Rosario fue a fines de diciembre de 1992. Hacía calor. El país estaba a punto de vivir la transición de los australes a los pesos, siguiendo los lineamientos del Plan de Convertibilidad. Héctor “Tito” Rima, embaucador de profesión, intuyó una oportunidad única.

El traslado del dinero robado del Tesoro Regional del Banco Central, en Rosario, en diciembre de 1992. (Archivo Clarín)

El traslado del dinero robado del Tesoro Regional del Banco Central, en Rosario, en diciembre de 1992. (Archivo Clarín)

Norberto Schiavetti, el jefe del Tesoro de Rosario, no desconfió cuando un supuesto “funcionario” del Banco Central lo llamó para informarle que, al día siguiente, lo visitarían tres inspectores para retirar 500.000 australes. Por eso, obedeció el pedido y entregó el dinero, que equivalía a 30 millones de pesos. O, mejor dicho, a 30 millones de dólares.

Los falsos inspectores, que respondían a las órdenes de Rima, viajaron con los billetes a Buenos Aires en dos avionetas, y luego desaparecieron. Ninguno hubiera sido descubierto, de no ser por la delación de un pai umbanda, al cual uno de los miembros había acudido con la verdad. Aún hoy, solo se recuperó parte del botín -cerca de 1 millón de pesos-. La Justicia no pudo tipificar el caso como un “robo”, sino como una defraudación a la administración pública.

La "Estafa del Siglo" ocurrió el 23 de diciembre de 1992, cuando 30 millones de pesos en billetes de 500 mil australes salieron del Tesoro Regional de Rosario, con el aval de funcionarios bancarios. (Archivo Clarín)

La «Estafa del Siglo» ocurrió el 23 de diciembre de 1992, cuando 30 millones de pesos en billetes de 500 mil australes salieron del Tesoro Regional de Rosario, con el aval de funcionarios bancarios. (Archivo Clarín)

Rima cayó en 1993, pero, al poco tiempo fue liberado tras pagar una fianza de 400 mil pesos con avales falsos. El garante de esos documentos fue preso y él quedó prófugo. Por lo menos hasta 2005, cuando lo agarraron por otra causa: sin embargo, la gran estafa de 1992 ya había prescrito.

El pillaje había trascendido a tal punto que el gobierno apuró dos meses el retiro de los australes. Los sucesos fueron recreados por un documental de la Televisión Pública titulado «Balas perdidas».

3. Una de espías y famosos

El asalto al Banco de Crédito Argentino ocurrió el 4 de enero de 1997. El portero oía ruidos provenientes del sótano. Marcó el número de la policía, pero su llamado fue descartado. Cuando la alarma del banco se activó, los uniformados volvieron a hacer caso omiso. Actuaron, finalmente, sobre el hecho consumado: cuando faltaban al menos 20 millones de pesos (dólares) y objetos de valor de la sucursal de Callao y las Heras, en plena Recoleta. Fue un escándalo mediático: allí guardaban sus joyas, ahorros y colecciones artísticas personas como Mirtha Legrand, Mauro Viale y Gerardo Sofovich.

El túnel que utilizaron los ladrones que atacaron el Banco de Crédito Argentino en 1997.

El túnel que utilizaron los ladrones que atacaron el Banco de Crédito Argentino en 1997.

Poco a poco, se conocieron los pormenores del caso: un conjunto de boqueteros había cavado un túnel de casi 50 metros de largo y seis de profundidad, desde un local vecino que tenían alquilado. La bóveda se abrió recién el lunes (un día después del atraco). Entonces se supo que 164 cajas estaban vaciadas. Era claro que los delincuentes conocían a la perfección el terreno (después se sabría que habían alquilado una caja) y que se tomaron varios meses para desplegar el plan. Los pocos cuidados del banco los ayudaron: en la bóveda no había cámara de seguridad.

Las pistas llevaron a cuatro responsables. Ellos fueron Jorge Pomponi (exagente de inteligencia durante la última dictadura); René Riviére, un supuesto informante de la DEA; Daniel García y Antonio Mandaradoni. En el 2000, todos recibieron condenas cercanas a los 8 años. Solo 500 mil dólares y algunas alhajas volverían a sus dueños. Las víctimas impulsaron demandas civiles contra el banco.

4. Llave en la mano y con paciencia

Los feriados, cuando la gente festeja o descansa, son las ocasiones más elegidas por los bandidos. Varios de los golpes mencionados ocurrieron en las vísperas del año nuevo o los días cercanos. Pero, para el robo al ex Banco Mercantil (hoy convertido en Banco Patagonia) de 1992, los ladrones eligieron otra fecha conmemorativa: el 12 de octubre. Ese lunes, que culminaba un fin de semana largo sin trabajo ni actividad bancaria, estos entraron a la sucursal de Palermo (situada en Santa Fe al 3700).

No forzaron la puerta, ni rompieron paredes o ventanas. En cambio, se abrieron paso con la llave que un trabajador del mismo banco les había ofrecido. Con tranquilidad, hicieron un boquete que los condujo a la bóveda central, donde se encontraban las cajas de seguridad. Abrieron no menos de 200 -algunas fuentes abultan ese número-, con un rendimiento de 20 millones de pesos (dólares). Los culpables nunca fueron detenidos, ya que no se pudo determinar su identidad.

El caso sentó jurisprudencia. Dos hermanos, que guardaban en el banco 100 mil pesos (dólares), demandaron al Mercantil por su pérdida.

5. Robo, torturas y dudas

La “entradera” a la empresa Firme S. A. (1996) no representó un robo a un banco. Pero si está incluido en la lista, es porque su impacto tuvo una magnitud tal que los medios lo nombraron el “Robo del Siglo” (como en el boxeo, el título vende).

Esta historia involucra a malvivientes disfrazados de policías, engaños y un saqueo de 18.183.766 de pesos (dólares). No se disparó ni una sola bala, aunque sí hubo rehenes golpeados, quienes describieron la situación como traumática. Por el volumen monetario y el accionar de los atacantes -portaban fusiles FAL, pistolas 9 mm y ametralladoras-, pasó a los anales de los peores robos a mano armada en el país.

Ocurrió así. El 20 de diciembre de 1996, un hombre camuflado de policía se acercó a la puerta de la empresa Firme S. A., en Parque Patricios. Anunciaba que iba a retirar la planilla de los adicionales. Un empleado dudó, pero otro lo calmó y la puerta se abrió. Detrás del falso oficial, se arrimaron entre seis y diez hombres, que amordazaron y amedrentaron a los trabajadores del lugar. Así, pudieron acceder a la bóveda, donde se estaba ensobrando el dinero de los sueldos de la Municipalidad de Lomas.

A medida que pasaron los días, casi veinte personas fueron detenidas. Entre ellos, un pai umbanda, a quien se le confiscaron 3 millones de pesos escondidos en el freezer. Gran parte del expediente, sin embargo, debió ser anulado. El pai umbanda y otros inculpados denunciaron torturas por parte del personal policial. Por esto, el juez del caso y dos comisarios quedaron en la mira. En cuanto a los sospechosos, cinco fueron condenados, pero se cree que ninguno era el líder de la banda.

6. Un túnel lujoso, como el barrio

El asalto al Banco Provincia de la avenida Cabildo, ocurrido el 31 de diciembre de 2010. Muchos brindaban, algunos desplegaban fuegos artificiales… otros, estaban ejecutando un millonario robo al Banco Provincia de la calle Cabildo 1999, en el barrio porteño de Belgrano. La noticia se conoció el 3 de enero de 2011. Los intrusos habían saqueado 136 cajas de seguridad.

Para hacerlo, habían creado un túnel de entre 25 y 30 metros de extensión, iniciado desde un local vecino que habían alquilado. El “trabajo” les llevó más de seis meses y mostraba una puntillosidad notoria: los peritos se encontraron con iluminación, ventilación y alfombras. Los asaltantes habían invertido una pequeña fortuna en los preparativos del atraco.

Del Banco Provincia de avenida Cabildo se llevaron 136 cajas de seguridad.

Del Banco Provincia de avenida Cabildo se llevaron 136 cajas de seguridad.

En total -se creía-, se llevaron 15 millones de pesos. Ya no eran tiempos del “1 a 1”, pero, al cambio del momento, representaba la nada despreciable suma de 3.759.398 dólares. Un tiempo después, se encontró parte del botín en el mismo banco (casi 450 mil dólares y algunas joyas).

En marzo de 2011, la justicia porteña procesó con prisión preventiva a seis acusados, como “miembros de una asociación ilícita”: Héctor Esteban Marín; su esposa, Raquel Nahir Puñales; el hijo de ambos, Maximiliano Gastón Marín Puñales; el uruguayo Roberto Sudamer Pesca Hernández; Dora Haydeé Puleio y Juan Carlos Caviglia.

Los asaltantes hicieron un boquete desde un edificio contiguo al banco.

Los asaltantes hicieron un boquete desde un edificio contiguo al banco.

En 2015, el juez Héctor Chomer, titular del Juzgado Nacional en lo Comercial N° 10, ordenó al banco a indemnizar a sus clientes afectados. Castigaba, así, la falta de medidas de seguridad necesarias para evitar el robo.

7. Fendrich y la carta al «Gallego»

En diciembre de 2018 se conoció la muerte de Mario César Fendrich. El hombre, de 77 años, estaba vacacionando en Cuba cuando sufrió un accidente cerebrovascular. Para entonces llevaba una vida tranquila, rodeado de su familia. Su último trabajo había sido en una fábrica de artesanías de yeso, montada con un amigo.

Mario Fendrich, detenido. Era el subtesorero del Banco Nación de Santa Fe.

Mario Fendrich, detenido. Era el subtesorero del Banco Nación de Santa Fe.

Lejos había quedado ese 23 de diciembre de 1994, cuando Fendrich, entonces subtesorero del Banco Nación de Santa Fe, desconectó las alarmas del banco, abrió la bóveda con una copia de llave del gerente, sacó plata y se dio a la fuga en su Fiat Regatta rojo. Antes, dejó una carta a su jefe: “Gallego, me llevo tres millones de pesos del tesoro y 187 mil dólares de la caja”.

Tras el hurto desembozado, Fendrich se había mantenido prófugo 109 días. Luego de ser interceptado, afirmó que había tomado los billetes bajo coerción, aunque acabó por confesar. Permaneció tras las rejas por cuatro años, nueve meses y 20 días. De la plata nunca volvió a haber noticias.

Fendrich, durante una nota con el diario Clarín, en 2010. (José Almeida)

Fendrich, durante una nota con el diario Clarín, en 2010. (José Almeida)

Su audacia y las especulaciones que se generaron en torno al caso, le valieron también el mote de Robo del Siglo. Durante un tiempo, el hombre se convirtió en una suerte de “celebridad”, al que más de uno por la calle le gritaba “ídolo”.

8. Los enmascarados de las 77 cajas

Entre la tarde del sábado 8 de septiembre y la madrugada del 9 de septiembre de 2012, a lo largo de 8 horas, tuvo lugar un millonario robo a un banco santafesino. Una banda de asaltantes enmascarados entró a la sede del Macro, ubicada en la peatonal San Martín 2459 de Santa Fe capital, a través de una ventana del contrafrente del edificio.

Clientes se retiran luego de saber que sus cajas había sido robadas en el Banco Macro de Santa Fe. (José Almeida)

Clientes se retiran luego de saber que sus cajas había sido robadas en el Banco Macro de Santa Fe. (José Almeida)

Rápidamente, redujeron a dos vigilantes privados y dos empleados, y violaron el sistema de seguridad del banco. Con la ayuda de herramientas, robaron 77 cajas. Los asaltantes habrían querido ingresar también a la bóveda del tesoro, aunque sin éxito. De todas formas, el botín que se embolsaron se estimó cerca de los 35 millones de pesos (2.510.760 dólares en ese momento), entre divisas y diferentes objetos de valor.

Pese que los ladrones se escaparon sin ser atrapados, dos meses después, las investigaciones develaron a los responsables: los líderes eran Dante Alexis Gómez (quien ya sumaba una condena de siete años por un crimen anterior) y Héctor David Gómez, dos hermanos cordobeses. El 23 de noviembre de 2015, el juez Cristian Fiz los condenó “a la pena de 12 años de prisión de cumplimiento efectivo por los delitos de robo calificado por escalamiento y por la utilización de arma de fuego cuya aptitud para el disparo no ha podido determinarse, en grado de coautor y asociación ilícita en grado de integrante en concurso real entre sí”. En el mismo fallo, fue absuelto un tercer hermano, Darío Eduardo Gómez, quien el día del crimen se encontraba en Córdoba.

Como en cada asalto de este tipo, los clientes desesperados llegan inmediatamente el banco. El Banco Macro de Santa Fe no fue la excepción. (José Almeida)

Como en cada asalto de este tipo, los clientes desesperados llegan inmediatamente el banco. El Banco Macro de Santa Fe no fue la excepción. (José Almeida)

Por el histórico robo, hubo otros imputados. Entre ellos, Javier Esteban “El Pirata” Abad (que contaba con antecedentes) y Diego Armando Agüero, ambos considerados coautores de “robo calificado por escalamiento y uso de arma de fuego, cuya aptitud para el disparo no pudo ser acreditada y asociación ilícita”; al igual que el remisero Eduardo Rubén Eberle, por “participación principal”.

9. Pocas herramientas, muchos millones

La arremetida contra la Banca Nazionale del Lavoro, acontecido el 27 de mayo de 1999, tuvo una serie de características que lo hicieron único: fue en el centro de la city porteña -Florida y Diagonal Norte-, en pleno sol -10:30 am-, y de una duración exprés -solo un cuarto de hora-. La logística fue, además, más que sencilla. Cuatro hombres disfrazados de operarios ingresaron por la puerta principal de la casa matriz y preguntaron por el jefe de mantenimiento, a quien llamaron por su nombre. «Tenemos que solucionar un problemita» (refiriéndose a la calefacción), fue la frase que les abrió paso.

Apenas se aseguraron la llegada al subsuelo, desenvainaron sus armas, redujeron al personal (un total de seis trabajadores, un policía y dos guardias de seguridad) y lo obligaron a abrirles la caja fuerte. Durante todo el proceso, se presentaron como expertos en el arte del timo. Sin titubear, recogieron el dinero, quitaron las cámaras de seguridad y dejaron una granada de mentira, para que nadie los siguiera. Luego, se retiraron, caminando, por la calle Florida, con 1.900.000 pesos (dólares). Hasta se guardaron 100 mil pesos que un cliente estaba a punto de depositar. Acto seguido, se perdieron entre los transeúntes sin dejar huellas.

10. «Sin padrinazgo político»

Asalto en el Congreso de la Nación. Si es difícil franquear las medidas de seguridad de un banco, igualmente (o más todavía) debiera ser sobrepasar las barreras de uno de los pilares del régimen político argentino: el Congreso Nacional. Sin embargo, como ocurre con las entidades financieras, a veces los controles no son suficientes y los ladrones habilidosos logran identificar los flancos débiles. El 10 de febrero del 2000, siendo casi las 11 de la mañana, una banda vestida de traje (y bien provista de armas) entró a la planta baja del Congreso, enfiló hacia la Tesorería, ató a empleados y legisladores, y se fue con 1.147.584 pesos (dólares). Es decir, con las dietas de diputados y salarios atrasados.

No dispararon, ni siquiera elevaron la voz, según los testigos. Estaba claro que los responsables trabajaban en el edificio. Los policías que oficiaban en el lugar no se percataron de lo que estaba pasando. ¿Y los detectores de metales? No funcionaban. “Estaban muy controlados, no dudaban en absoluto”, declaró Silvina Carstens, una de los siete rehenes y secretaria de prensa del diputado José Corchuelo Blasco.

Posteriormente se supo que Juan Antonio Zavala, un ordenanza de la Dirección de Ayuda Social (DAS), fue la mente maestra: él consiguió los datos clave y las falsas credenciales. Hasta habría planeado un segundo desfalco que nunca se concretó. El hombre terminó detenido, junto con algunos cómplices.

El entonces presidente de la Cámara de Diputados Rafael Pascual debió aclarar que “Zavala no tenía ningún padrinazgo político” (ya que los rumores malintencionados ligaban al ladrón con el peronista Alberto Pierri). Curiosamente, mientras transcurría el robo, el presidente De la Rúa y el gobernador de Buenos Aires Carlos Ruckauf se dirigían a la prensa sobre los acuerdos de la Alianza y el peronismo para endurecer la persecución al delito.

GL

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