Intereses afectan acuerdo medioambiental – Diario El Telégrafo

Poco auspiciosa –por decir lo menos– resultó la reunión del Foro Económico Mundial de Davos 2020, en el que entre otros aspectos menos anecdóticos los reflectores estuvieron puestos sobre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la joven activista Greta Thunberg (llevada como emblema para captar simpatías por grupos ambientalistas), cuando estuvieron sobre la mesa temas centrales como el cambio climático, el crecimiento económico y las tensiones comerciales.
Precisamente el tópico central en Davos 2020 fue el cambio climático y los cortos resultados que se han tenido a pesar de los esfuerzos y acuerdos firmados entre naciones, al punto que la canciller alemana, Angela Merkel, dijo que luchar contra el calentamiento global period una “cuestión de supervivencia”, mientras que desde la otra vereda Trump rechazó a los “profetas de la fatalidad”, a la vez que las compañías petroleras más grandes discutieron objetivos de carbono más ambiciosos en una reunión a puertas cerradas.
La falta de normas internacionales sobre lo que hace a las empresas responsables con el medio ambiente continúa siendo una preocupación y los gobiernos están divididos por el atractivo de un impuesto al carbono.
En este foro los aspectos comerciales también estuvieron presentes, y por ejemplo Estados Unidos está considerando aranceles sobre las importaciones europeas de automóviles y amenaza con represalias por cualquier gravamen sobre los ingresos por servicios digitales.
Además, Trump todavía quiere una reforma “muy dramática” de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Aún así, el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, dijo que Estados Unidos y Europa están avanzando hacia un pacto global sobre la tributación de los servicios digitales.
Asimismo los líderes mundiales consideran que la economía world wide estaba en buen camino después del susto de recesión en 2019. El Fondo Monetario Internacional predijo que crecería 3,3 por ciento este año, después de 2,9 por ciento en 2019.
Pero en el área del cambio climático es donde ha quedado el gusto amargo del Foro de Davos, sobre todo porque sigue a los escasos o nulos avances que se reafirman sobre recientes instancias. Así, no hubo festejos de la comunidad científica internacional ni de los grupos que promueven respuestas efectivas ante el deterioro de las condiciones ambientales en nuestro planeta, desde que la Cumbre del Clima (COP25) de Madrid terminó en diciembre muy lejos de una resolución que permitiera alcanzar un acuerdo de bases mínimas frente a la urgencia climática, como considera gran parte de los expertos.
Es así que dos intensas semanas de negociaciones, con una prórroga récord adicional de 42 horas, no permitieron igualmente mostrar a los casi 200 países participantes en esta conferencia de la ONU en Madrid detrás de una posición fuerte, contrastando con el entusiasmo multilateralista con el que se suscribió el Acuerdo de París en 2015, sobre lo que naturalmente en su momento se mostraron reservas.
Este pobre desenlace indica que la comunidad internacional perdió una oportunidad importante de estar a la altura de la urgencia climática, habida cuenta de que expertos elevaron al máximo la alerta en cuanto a los peligros climáticos a los que se enfrenta el planeta, con la subida del nivel del mar y la multiplicación de fenómenos extremos como canículas, sequías e inundaciones.
Al ritmo real de emisiones, la temperatura mundial se elevará 4 o 5 ºC a finales de siglo respecto a la época pre industrial, mientras que la “seguridad climática” solo se logrará limitando el aumento a menos de 2 ºC e idealmente a 1,5 ºC, subrayaron, mientras la mediática joven Greta Thunberg trasladó en esta cumbre de la COP25 el reclamo de millones de jóvenes que se han movilizado en todo el mundo detrás de esta causa y advirtió a los gobiernos que no por ello bajarán los brazos.
En este encuentro en el último momento se logró un consenso para pedir un aumento en 2020 de las metas nacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Hay reservas además –como quedó ratificado en Davos– respecto a naciones que aparecen como las grandes contaminadoras y responsables de la situación, que se resisten a rever sus posturas por intereses económicos y geopolíticos, teniendo en cuenta que grandes países emisores como China e India se habían resistido a comprometerse, e incluso Estados Unidos fue más a fondo todavía, al haber anunciado su retirada del Acuerdo de París, en tanto solo la Unión Europea había dado un paso al frente al aprobar alcanzar la neutralidad carbono en 2050.
Incluso el resultado en Madrid refleja una resistencia a avanzar, al punto que si esta situación no cambia antes de la COP26 a finales de 2020 en Glasgow (Escocia), la meta de limitación de calentamiento “resultará casi imposible”, dijo Alden Meyer, un veterano observador sobre el tema. Está el antecedente inmediato de que en 2019, las emisiones de gases de efecto invernadero siguieron aumentando.
Las organizaciones ecologistas lamentaron lo que consideran gran brecha entre las demandas de la sociedad y la inacción demostrada por los gobiernos en las negociaciones tanto en Davos como en la cumbre del clima de Madrid con una declaración last que “no ha estado a la altura de la urgencia” sobre el punto.
Representantes de numerosos movimientos sociales manifestaron también su “decepción” con el texto adoptado que, en su opinión, sigue sin abordar la justicia social y sin tener en cuenta su voz en las decisiones.
El Acuerdo de París se aprobó en 2015 y entrará en vigencia en 2020. Tiene como objetivo intentar limitar el aumento de la temperatura por debajo de 2 grados en 2100, y preferentemente hasta un máximo de 1,5 grados. Pero los países no se ponen de acuerdo en regular las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, cuando además la contaminación atmosférica causa unos 7 millones de muertes anuales en todo el mundo, según datos de sociedades médico-científicas y de la Organización Mundial de la Salud.
Sin embargo, pese a que todavía hay discrepancias en torno a la gravedad y urgencia del tema en la comunidad científica, cierto que este proceso, acelerado o con mayor lentitud, es inexorable si no se asume el riesgo que implica seguir en un camino vacilante, y lamentablemente, hasta ahora, los encuentros internacionales sobre el tema, más allá de anuncios y convocatorias, siguen estirando las respuestas efectivas para más adelante, y por lo tanto haciendo que las soluciones resulten cada vez más costosas y difíciles a medida que sigue pasando el tiempo.

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