La policía acusada de asesinar a un matrimonio dijo que no participó del hecho, pero reconoció que mintió sobre su arma – 07/08/2019

La tarde del 11 de junio efectivos policiales hallaron los cadáveres de Alberto Antonio Chirico (71) y María Delia Speranza (63) en el interior de su domicilio en Parque Avellaneda. La pareja fue asesinada de un tiro en la cabeza después de robarles entre 70 y 80.000 dólares que escondían en cartones de leche. Por el hecho está procesada con prisión preventiva una oficial de la Policía de la Ciudad, y otro efectivo metropolitano, pareja de la uniformada, que por el momento mantiene su libertad. 

Si bien desde el inicio de la investigación la policía Sonia Rebeca Soloaga, señalada como responsable de los disparos, negó su participación en el doble crimen y aseguró que su arma reglamentaria junto con la suma de 300.000 pesos le fueron robados ese mismo día en el baño de una estación de servicio, ahora declaró que en realidad perdió su 9 milímetros y no se animó a confesarlo

La oficial de 34 años trabajaba en la comisaría 9C de la Policía de la Ciudad. Hasta ahora se había negado a declarar, postura de la que su abogado defensor, Juan José Kavanagh, la hizo desistir. Soloaga amplió su indagatoria ante la jueza en lo Criminal y Correccional 63, Vanesa Peluffo, y la fiscal Estela Andrades y negó toda participación en el robo y doble crimen que se perpetró en la vivienda de Eugenio Garzón 3581, en una cuadrícula de Parque Avellaneda donde ella vigilaba.

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En efecto, en la causa hay testimonios que indican que frecuentaba a las víctimas casi a diario. La acusada también negó estos testimonios: dijo que sólo las conocía porque eran «vecinos de la parada», que tuvo sólo «tres charlas con ellos» y que nunca entró en su casa.

La oficial reconoció que la denuncia por un supuesto asalto que sufrió en Culpina y Recuero, de Flores, el mismo día del doble crimen, fue falsa, aunque dijo que la inventó para justificar que había perdido su arma reglamentaria y un bolso con 300.000 pesos en el baño de una estación de servicio Shell de Mariano Acosta y Laferrere, poco antes de las 11 de la mañana de ese 11 de junio. 

«Contó que recién se dio cuenta de que le faltaba el arma al mediodía, que se puso muy nerviosa. Dijo que por eso dejó el celular policial con geolocalización en un comercio de la zona de su parada, para ir a buscar el arma y el dinero y que no se advirtiera que estaba fuera de su zona. También dijo que pensó en ir a su comisaría a contarle todo a su jefe, pero que no lo hizo porque temía perder el trabajo«, refirió una fuente judicial. 

Pese a que al denunciar el falso robo sus colegas policías le encontraron 70.000 pesos en una campera, Soloaga negó que tuviera en su poder esa cifra y que sólo eran 7.000 y contaba con otros 2.000 en su mochila. También reconoció que tenía deudas por préstamos personales y créditos bancarios que había sacado.

El 26 de julio último, la jueza Peluffo procesó a Soloaga como autora de «robo agravado por haber sido cometido con un arma de fuego en concurso genuine con homicidio criminis causa, reiterado en dos oportunidades, cometidos mediante arma de fuego y alevosía» y «falsa denuncia», y le trabó un embargo de 1.500.000 pesos sobre sus bienes.

La magistrada también procesó a su novio, el policía de la comisaría 9C Diego Alberto Pachilla (36), pero por «encubrimiento doblemente agravado» y sin prisión preventiva, por lo que recuperó la libertad.

En el fallo, la jueza remarcó que los policías «pergeñaron un program para así ingresar a la vivienda y apoderarse de dinero en efectivo en una suma aproximada de entre 70.000 y 80.000 dólares, en moneda extranjera y pesos argentinos, ejerciendo violencia sobre aquellos y mediante la utilización de un arma de fuego, una pistola marca Beretta asignada por la Policía de la Ciudad a Soloaga«.

En la resolución, se destaca que las víctimas fueron golpeadas fuertemente en sus cabezas y que luego Soloaga, ya que la presencia de Pachilla en el lugar del hecho no pudo ser probada, robó el dinero que estaba escondido en diferentes sectores de la casa: una caja de leche «Verónica» y otra de «Maicena» ubicadas en la alacena un caño plástico con dos tapitas, y una caja de zapatillas, entre otros lugares donde la pareja acostumbraba a guardar sus ahorros.

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Luego, el matrimonio fue ejecutado cada uno de un disparo en la cabeza aplicado desde atrás mientras ambos se hallaban indefensos boca abajo, para lo cual se utilizó un almohadón como silenciador.

Como posible hipótesis del crimen, la jueza menciona que Soloaga tenía que pagar un viaje de 9.000 dólares a Disney por el cumpleaños de 15 de su hija, suma incompatible con lo que ganaba.

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