Mató para robar y volvió a la escena para confirmar el crimen: le dieron perpetua

«Lo maté, lo maté. Le di un tiro a uno. Necesito ropa para cambiarme», dijo Claudio Gastón «Perci» Galarza (22), apenas se bajó de una Honda Twister blanca reluciente. «Perci» venía de asaltar y matar a Eduardo Gómez (37), el dueño de esa moto. 

El crimen ocurrió en Camino Normal Belgrano y Coronel Lynch, en una zona conocida como la «Triple Frontera», porque divide a los partidos de Avellaneda, Quilmes y Lanús, el 12 de septiembre del año pasado. 

Ahora el asesino, un ladrón con antecedentes que tenía en jaque a sus vecinos, fue condenado a prisión perpetua por el asesinato de Eduardo. «Para nosotros es una caricia al alma», dijo a Clarín Viviana Pérez, esposa de Eduardo, con quien tuvo tres hijos. Además del dolor por el crimen, la familia tuvo que rearmar su vida y mudarse.

Con mucho esfuerzo, Eduardo había comprado una moto cero kilómetro para unir el camino de su casa en San Francisco Solano (Quilmes) con su trabajo en Lanús. Era fanático de River y trabajaba en la fábrica de sanitarios Roca como clarkista (el operario que maneja los autoelevadores conocidos como «clark»). Ese día había entrado a las 6 de la mañana y había salido a las 14. Media hora más tarde se topó con la muerte.

Eduardo Gómez (37) fue asesinado durante un asalto para robarle su moto en Wilde, cuando volvía del trabajo.

Eduardo Gómez (37) fue asesinado durante un asalto para robarle su moto en Wilde, cuando volvía del trabajo.

La secuencia fue fugaz. Eduardo estaba parado en el semáforo cuando se le acercó un ladrón armado y le exigió la moto. Pero la víctima, a la que hacía poco le habían querido robar en esa misma zona, intentó resistirse. Los dos comenzaron a tironear hasta que el asaltante le disparó en el pecho, se subió a la moto y escapó.

El ruido del tiro llamó la atención de los vecinos que se asomaron para ver. De inmediato fueron a auxiliar a Eduardo, que había quedado en el piso sobre un charco de sangre. La Policía y la ambulancia tardaron una eternidad y Eduardo murió en el lugar.

«Fue Perci«, dijo un vecino que reconoció al ladrón, quien vestía una remera amarilla y una gorra negra muy llamativa. A nadie le pareció descabellado. El día anterior, Claudio Gastón Galarza había asaltado un negocio de comida para mascotas en la misma esquina. Y solía robarle a la gente del barrio que esperaba el colectivo a la mañana para ir a trabajar.

Eduardo fue asesinado en la esquina de Camino General Belgrano y Lynch, en la "Triple Frontera" de Avellaneda, Quilmes y Lanús.

Eduardo fue asesinado en la esquina de Camino Basic Belgrano y Lynch, en la «Triple Frontera» de Avellaneda, Quilmes y Lanús.

Cuando la Policía llegó al lugar encontró el cuerpo de Eduardo cubierto con una manta. Tenía un tiro que le traspasó el antebrazo y lo hirió en el pecho, a la altura del corazón. Al lado de él había un casquillo de bala plateado.

Mientras tanto, a 20 cuadras de ese lugar, en Victor Hugo al 1700, en Monte Chingolo, llegaba Galarza con la moto que le robó a Eduardo. Se bajó y fue a buscar a un amigo suyo apodado «Pepe». Entre risas, le mostró la moto que consiguió y le contó que tuvo que matar «a uno» porque no se la quería dar. Su única preocupación era poder cambiarse de ropa, porque sabía que lo estaban buscando.

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«Pepe» le dio a «Perci» una remera roja y una bermuda, que se cambió por la remera amarilla y el jogging negro. Los dos se separaron. «Pepe» se quedó con la moto robada y la usó toda la tarde. Galarza descartó la ropa y la gorra que usó en el asalto en el techo de unas canchitas de fútbol.

Antes de ir a su casa en Yapeyú al 400, pasó por la esquina de Camino Basic Belgrano y Lynch. «Me fui a ver que estuviera bien muerto«, lo escuchó decir un testigo.

Con los datos aportados por los testigos, la Policía salió a buscar al sospechoso y encontraron la Honda Twister que era de Eduardo. La moto estaba cerca de la casa de «Pepe», pero en ese momento nadie lo vinculó con el robo.

Eduardo Gómez (37), la víctima.

Eduardo Gómez (37), la víctima.

Más tarde, gracias al aviso de otro testigo, los investigadores hallaron la ropa que había escondido Galarza. Pero todavía no podían encontrarlo a él.

Sin embargo, dos días después del hecho, la Policía vio a «Perci» caminando por Yapeyú y Maure. Cuando lo fueron a detener, el delincuente logró infiltrarse por algunos pasillos del barrio, saltar por los techos y perderse de la vista de los policías.

Claudio "Perci" Galarza, condenado a perpetua por el crimen de Eduardo Gómez en Avellaneda.

Claudio «Perci» Galarza, condenado a perpetua por el crimen de Eduardo Gómez en Avellaneda.

Media hora después, policías de civil vieron a Galarza armado en la puerta de su casa, insultando a los vecinos y haciendo gestos desafiantes. Los agentes de la comisaría 5° de Wilde se identificaron y el ladrón intentó escapar de nuevo.

En la fuga, «Perci» se tropezó, cayó al piso y cuando lo fueron a atrapar, empezó a tirar piñas y patadas a los policías. Entre varios lograron reducirlo. Por orden de la fiscal María Alejandra Olmos Coronel, de la UFI N° 1 de Avellaneda, Galarza quedó detenido.

Un año después de aquel episodio, el Tribunal Oral en lo Prison N° 3 de Lomas de Zamora realizó el juicio contra Galarza. Durante las tres audiencias declararon ocho testigos.

La fiscal Marcela Daimundo pidió declarar al acusado culpable por los delitos de «homicidio criminis causae, agravado por el empleo de un arma de fuego, en concurso serious con robo calificado por el empleo de un arma de fuego».

En la última jornada, Galarza dijo ser inocente. Pero los jueces Jorge Omar Camino, Marcelo Hugo Dellature y Claudio Jorge Fernándezavalaron el pedido de la fiscal y dictaron una condena a prisión perpetua. 

«La verdad es que fue justo. Estamos muy conformes con el fallo. La fiscal la peleó bastante», expresó Viviana, la esposa de la víctima. «Obviamente es un aliciente. La nena de 8 años period su sombra, ella lo recuerda todo el tiempo. En las fechas puntuales decaemos. Estábamos esperando esto, que se haga justicia. No queríamos que quede en la nada», dijo la mujer.

EMJ

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