Ola de violencia en Rosario: vendió droga, le mataron a la nieta y ahora balearon a su hijo

Cuando sintió el ruido de la moto y los disparos y vio a su hijo tirado, Alejandra Maricel Ponce revivió el peor momento de su vida. Fue hace dos años, cuando mataron a Maite, su nieta de cinco años. Esta vez el desenlace le trajo algo de alivio. El nene solo recibió un roce de bala.

La historia de esta familia de la zona norte de Rosario está marcada por el narcotráfico. Mientras su marido estaba preso, Alejandra comenzó a vender droga en su casa. Dice que lo hizo durante cuatro meses y que después intentó alejarse. El golpe vino por donde menos lo esperaba.

La madrugada del 4 de julio de 2008, Maite estaba recostada en un sillón en el residing de la casa, en Ávalos y Larrechea. Esperaba que llegara su abuela para irse a dormir. Un hombre en moto pasó por el frente y comenzó a tirar. Una de las balas se desvío al impactar contra la puerta y le dio en la cara a la nena, que murió en el clinic.

Maite estaba recostada en un sillón cuando un sicario disparó varias veces contra su casa y la mató de un tiro en la cara. (Emmanuel Fernández)

Maite estaba recostada en un sillón cuando un sicario disparó varias veces contra su casa y la mató de un tiro en la cara. (Emmanuel Fernández)

Casi dos años después, Alejandra siente que ahora está preparada para reclamar justicia. Por eso intentó reactivar la causa y denunció que una mujer que vende droga en un barrio cercano fue la que ordenó el ataque en el que asesinaron a Maite. ¿El motivo? Ampliar su territorio.

“Yo entregué todos esos datos en la fiscalía y una hora después ya estaba amenazada”, le cuenta Alejandra a Clarín, sentada en el residing de su casa. La respuesta no se hizo esperar. El lunes a la tarde la escena se repitió: dispararon desde una moto y escaparon. La puerta estaba abierta y adentro estaba su hijo de cinco años. La trayectoria de la bala lo salvó.

A pesar del nuevo ataque, Alejandra asegura que va a continuar con el reclamo de justicia en memoria de su nieta. “En su momento me hice cargo y estoy súper arrepentida de todo lo que pasó, me siento culpable. Pero ahora no tenemos nada que ver. No podemos vivir así”, explica.

El fin de la escalada de violencia no está en el horizonte cercano. Dos días después del ataque a su casa, el señalado como autor materials de los disparos sufrió un atentado. Aunque algunos vincularon ambos episodios, Alejandra jura que eso es falso y denuncia que las amenazas contra ella continuaron. “Vinieron y me dijeron que me iban a quemar la casa. Tuve que ponerme a pelar cables y electrificar todas las puertas”. 

Sus hijos y sus nietos escuchan el relato sin inmutarse. Ya están acostumbrados. “Los entrené para que no salgan de la pieza cuando yo les digo. Una de las nenas escuchó ruidos por la tormenta el otro día, le tapó la boca al hermano y lo arrastró abajo de la cama”, cuenta con bronca. También le preocupa uno de sus hijos mayores, de 20 años. “Tiene problema de adicciones y pasa cuatro o cinco días fuera de casa. Todo el tiempo pienso que me lo pueden matar”.

Rosario. Enviado especial

GL​

Facebook Comments