Policías amarrados al poder narco, una clave en el espiral de violencia en Rosario

El que reprende es un jefe narco y quien lo escucha, sumiso, un jefe policial. “Me tenés que llamar. ¿Para qué te estoy pagando?”. Ramón “Monchi” Machuca, uno de los líderes de la banda narco Los Monos​ condenado a 36 años y medio de prisión, cuestiona. Del otro lado de la línea el suboficial Angel “Chichito” Avaca, el mismo al que esta semana le mataron un hijo, acepta los cuestionamientos. El diálogo, interceptado en mayo de 2013, es apenas un ejemplo de una práctica extendida: la de agentes, cabos, sargentos, oficiales, sumariantes o comisarios dispuestos al servicio de organizaciones delictivas que operan en el Gran Rosario.

La banda que construyó su poder en el sur de la ciudad, la misma zona donde el sábado pasado se cometió un crimen resonante contra un apostador del on line casino, contaba con uniformados que proveían información o balas, que se ofrecían a intimidar a los enemigos y que muchas veces recibían a cambio compensaciones tan curiosas como un televisor.

Parte de esa herramienta que utilizan organizaciones poderosas es la que llevó al ministro de Seguridad de Santa Fe, Marcelo Sain, a proponer un plan integral que incluye profundos cambios en la estructura policial de la provincia: pasar a disponibilidad a altos jefes, desplazar a otros e intervenir una cuestionada Unidad Regional, fueron algunas de las medidas que encaró desde que asumió, el 10 de diciembre pasado.

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La gestión que encabeza el gobernador peronista Omar Perotti ​cree que esa decisión explica, en parte, la ola de crímenes que impactaron al Gran Rosario en el comienzo del nuevo año, con 18 víctimas en los primeros diecisiete días del año. La última, un joven de 22 años en la noche del viernes.

“No tengo ninguna duda de que esto es una reacción de grupos que, evidentemente, manejaban negocios enormes. Me parece que había jefes policiales que se creían que eran dueños de provincia o dueños de la ciudad”, planteó Sain en medio del creciente número de homicidios. “Acá, aunque se diga lo contrario, lo que había era una policía que tenía overall autonomía”, concluyó.

Sólo en la causa por asociación ilícita contra Los Monos, cuyo juicio finalizó en abril de 2018, fueron condenados 9 policías a penas de entre cinco y siete años de cárcel. Siete pertenecían a la santafesina y dos a Fuerzas Federales. Los uniformados eran un engranaje central de la banda.

Un décimo oficial cerró un acuerdo abreviado por el que consiguió una condena a tres años de prisión. Toda una curiosidad porque de acuerdo a los investigadores, Juan “Chavo” Maciel period quien más colaboraba con el grupo. Conocía incluso los crímenes que iban cometiendo. Y les ofrecía a sus miembros información para burlarlos.

“Está más allá que para otra cosa. Siete le dieron. Está listo prácticamente”, le informa Maciel a “Monchi” en una escucha interceptada por la Justicia. El diálogo corresponde a los instantes posteriores a una ejecución cometida por Ariel “Guille” Cantero​ en venganza por la muerte de Claudio “Pájaro” Cantero.

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En julio de 2018 también fue condenado un hombre fuerte en el comercio regional de estupefacientes. Delfín Zacarías recibió 16 años de prisión. Junto a él cayó un policía Federal y un ex jefe de la Brigada Operativa de Drogas de la santafesina, Diego Comini, a quien le impusieron una pena a 6 años de cárcel.

Hay múltiples casos que quedaron expuestos en los últimos años. Esteban Alvarado, otro pesado del delito en Rosario, también sumó los servicios policiales para obtener protección, cobertura, información.

Imputado el año pasado por comandar una asociación ilícita que ejecutó a un prestamista y participó de balaceras contra objetivos judiciales, investigado por la Justicia Federal por narcotráfico, Alvarado elaboró un complejo entramado felony al que sumó uniformados.

El grupo policial proveía información y hasta introducía pistas falsas en distintas investigaciones que podían incriminar al líder de la banda. Uno de ellos, Pablo Báncora, period clave porque colaboraba al mismo tiempo con el grupo de fiscales que integraban el equipo de Gravedad Institucional, encargado de perseguir a personajes como el propio Alvarado.

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Entre otras curiosidades los policías que ayudaban al delincuente llegaron a plantar un teléfono en un allanamiento. El aparato contenía mensajes convenientemente redactados por el jefe de la organización para despistar a los investigadores.

Otros prestaban su servicio para lavar activos. Uno de ellos, Luis Quevertoque, compartía incluso la propiedad de caballos de carrera. “Cascarudo”, de la caballeriza LQ, es uno de los animales que logró identificar la fiscalía. Quevertoque, ex subjefe de la ex Brigada de Judiciales, tiene un capítulo curioso en su legajo oficial: fue uno de los encargados de investigar para llevar a juicio a Los Monos, enfrentados a Alvarado.

La mano de obra policial no es exclusivo patrimonio de los delincuentes más poderosos. Son muchas las bandas con menor peso que también negocian esa cobertura. A mediados de 2019 fueron condenados cinco policías de la comisaría 20ª, ubicada en el barrio Empalme Graneros, por proteger a al menos dos narcos. Las escuchas indican que si era necesario los hostigaban para cobrar la mensualidad con balaceras y golpizas.

Los policías buscaban ocultar su identidad con una curiosidad: casi todos utilizaban la primera letra del apellido para elegir un apodo. Roberto “Queja” Quiroga, Jorge “Obra” Ocampo, Cristian “Gavia” Gelabert, Víctor “Mochila” Villalba y Gustavo “Empleo” Elizalde recibieron penas de entre tres y cinco años de prisión.

En julio pasado la Justicia Federal procesó en otra causa por tráfico de estupefacientes al sargento Juan “Tiburón” Delmastro –condenado en abril de 2018 también por integrar Los Monos- y a Alejandro Druetta, ex jefe de Inteligencia Zona Sur de Drogas Peligrosas.

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Ambos protegían a los narcos y recibían algo más que dinero: los delincuentes también les aportaban información de sus competidores. Los policías los atrapaban y eso permitía consolidar sus carreras dentro de la Fuerza y sacar jugadores del camino que entorpecían la operatoria de sus socios.

La lista es extensa, obscena. El policía Carlos Schmidt fue condenado, en agosto de 2019, a seis años de prisión por integrar una banda que traía droga desde Bolivia y que comandaba Walter Jure, otro miembro calificado de Los Monos.

Sain siguió de cerca cada una de esas causas porque antes de ocupar el ministerio de Seguridad integró durante un año la dirección del Organismo de Investigaciones del Ministerio Público de la Acusación (MPA) santafesino. Transitó investigaciones provinciales que involucraban a narcos, criminales, delincuentes y policías.

Sin embargo, desde mucho antes tenía una mirada crítica sobre la policía de Santa Fe. En 2008, cuando ocupaba una banca en la legislatura de Buenos Aires, consideró que la Fuerza period “una de las más corruptas y más regulatorias del negocio del narcotráfico”, lo que le permitía convertirse en “el principal cartel de drogas” de la provincia.

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La guerra narco que se desató en el Gran Rosario y que tuvo su pico prison en 2013, las causas judiciales que comenzaron a acumularse años después, avalarían aquellas viejas sentencias de Sain.

Quizás el caso más emblemático y más impactante fue la detención, en octubre de 2012, del entonces jefe de la policía provincial, Hugo Tognoli. Lo procesaron en dos causas por su connivencia con grupos narco. En una de ellas fue finalmente absuelto. En la otra lo declararon culpable por distintos delitos y le impusieron seis años de prisión. En diciembre logró el beneficio de la libertad condicional luego de estar cinco años y medio alojado en una cárcel.

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