Quedó cuadripléjico por un caso de gatillo fácil: «Vi la luz, me vi muerto» – 22/08/2019

«¿Papá, te acordás cuando vos estabas acá ‘matado’ por la Policía?». Milena tenía apenas dos años cuando su padre, Lucas Cabello (24), fue baleado por el policía de la Metropolitana Ricardo Ayala (24) en la puerta del PH de La Boca donde vivían. Lucas sigue en el barrio y por eso, cada tanto, pasa por el Medical center Argerich, donde lo atendieron y le salvaron la vida. Milena se acuerda de que algo muy feo le ocurrió a su papá y que lo llevaron ahí.

La vida de Lucas y su familia cambió drásticamente la tarde del 9 de noviembre de 2015. Por entonces él tenía 20 años, trataba de terminar 3° año del secundario y había hecho un arreglo con un conocido restaurante de pastas, «II Matterello», para cuidar los coches de los clientes. El negocio estaba a pocos metros de la casa que compartía con su entonces pareja, la mamá de Milena.

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«Me acuerdo que ese día, como las tres de la tarde, salí de casa a comprar unos sándwiches para comer», cuenta Lucas. Pero en realidad lo primero que se le viene a la cabeza es el momento en el cual, al vestirse, la medallita de oro del Corazón de Jesús que colgaba de su cuello cayó boca abajo en el piso. «No sé, no sé si fue una señal… pero no me lo puedo sacar de la cabeza», admite.

Fanático de River Plate, Lucas tiene su pieza (ahora vive con su madre, su padrastro y su hermana) llena de camisetas del club. Incluso se tatuó en su pierna izquierda la Copa Libertadores con la fecha de la final ganada a Boca, a fines del año pasado.

Lucas Cabello quedó cuadripléjico al ser baleado por un policía de la Metropolitana en la puerta de su casa, en 2015. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Lucas Cabello quedó cuadripléjico al ser baleado por un policía de la Metropolitana en la puerta de su casa, en 2015. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

Es fácil ver los tatuajes de Lucas porque recibe a Clarín recostado en la cama tipo hospital que instalaron en su casa. Los tres disparos que le pegó Ayala (dos de ellos cuando ya estaba tirado en el piso) lo dejaron cuadripléjico. Con mucho trabajo y rehabilitación ahora puede mover los brazos. Pero no camina ni tiene movimiento completo en sus manos. 

Aun así, pese a las dificultades, Lucas va al gimnasio casi todos los días. También piensa ir al juicio oral contra Ayala que -luego de incontables postergaciones- comenzará este jueves a las 9.30 en la sala de audiencias del Tribunal Oral N° 1, en el Palacio de Tribunales, sobre la calle Talcahuano. 

El policía, que tenía 20 años en el 2015, estuvo preso un tiempo luego de que la Sala VI de la Cámara de Apelaciones considerara que no había tenido ningún justificativo para disparar contra Cabello, quien ni siquiera estaba armado. Pero finalmente logró la excarcelación en enero de 2017.

Por eso llegará libre al debate oral, pero acusado de un delito muy grave: «intento de homicidio agravado por ser miembro de una fuerza de seguridad«. Lucas y su madre son querellantes, ellos sostendrán la acusación junto la fiscal Mónica Cuñarro.

-Lucas, ¿estás preparado para volver a ver a Ayala?

-Me estoy preparando. Quiero ir y voy a ir al juicio. Él nunca fue a las pericias a las que fue citado y ahora no tiene otra que presentarse. Yo ya ni siquiera me acuerdo de su cara. Si me pasara al lado ni me daría cuenta.

-¿Qué recordás de ese día?

-Eran cerca de las tres de la tarde y salí a comprar. En la puerta estaba el policía que ya me miró con mala cara. Al rato, cuando volví con dos sandwiches de milanesa y uno de jamón y queso, me dijo algo. Fue tipo «qué me miras», yo le contesté algo identical. Me dijo «ojo que soy policía y hago lo que quiero» y yo le contesté «si fueras policía de verdad, estarías en la puerta de un banco y no acá«. Porque él estaba cuidando a una mujer que había hecho una denuncia y tenía un botón de pánico.

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-Parece una discusión tonta ¿cómo siguió?

-Yo entré a mi PH, la puerta del pasillo estaba abierta. Ahí sentí un ruido, me di vuelta y fue en ese instante cuando me pegó el tiro en la pera.

Lucas cayó herido. Mientras su pareja trataba de ayudarlo, Ayala le disparó dos veces más, cuando ya estaba tirado en el piso y totalmente indefenso.

«Con un vecino me subieron a un vehicle y me llevaron al Argerich. No te puedo mentir: vi la luz, me vi muerto«, recuerda Lucas quien ese día comenzó un largo camino que aun no termina. 

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Primero fue despertarse en el Argerich sin poder mover más que los ojos. Luego pasó al Sanatorio de los Arcos, en Palermo, donde lo estabilizaron. Finalmente lo trasladaron a la Clínica de Internación Aguda de Rehabilitación y Cirugía (CIAREC), en Villa Urquiza.

«Ahí pasé como un año y medio. Primero estaba muy mal, pero después empecé a ver a mi alrededor: había nenes de dos o tres años con daño cerebral, había un ruso de 25 años que había tenido un accidente en moto y no reconocía a los hijos. Dentro de todo yo estaba bien de la cabeza, podía hablar», reflexiona Lucas.

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«Si no hay amor que no haya nada«, dice el tatuaje que Cabello lleva en el antebrazo derecho y remite a un tema del Indio Solari. Fue el primero que se hizo cuando le dieron el alta. Le siguieron muchos otros.

«¿Qué quiero ahora?…. ¿Qué quiero ahora?….», piensa Lucas durante unos segundos y después concluye seguro: «Quiero tratar de volver a ser feliz«.

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Fuentes judiciales informaron a Télam que el ex policía será juzgado por el delito de «homicidio agravado por el abuso de la función de miembro integrante de una fuerza policial, en grado de tentativa«, en perjuicio de Cabello.

En el debate intervendrá Irma Adriana García Netto, a cargo de la Fiscalía Normal 1.

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Al ser detenido, Ayala declaró que disparó contra Cabello al intervenir en una presunta agresión a una vecina, que lo hizo «según los protocolos» de la fuerza y que, además, pensó que el joven estaba armado, lo que fue descartado por la Justicia.

Hace dos años, la Sala VI de la Cámara Nacional en lo Felony le concedió al ex policía la excarcelación al evaluar que la demora del trámite judicial fue por cuestiones ajenas al procesado, y le redujeron la fianza que se le había impuesto originalmente en 300.000 pesos a una fianza de 100.000 pesos.

EMJ

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